7 claves para desarrollar tu talento y tu empleabilidad
¿Por qué hacemos hace tantos cursos? Ya he hablado de formación en otras ocasiones, pero está claro que es un tema que siempre me acompaña, como el llavero. El otro día tuve un día duro, con personas a las que no les va bien la vida, uno de esos días en que percibes con mayor claridad que el dique hace tiempo que reventó y te sientes ridículo, ahí plantado con tus saquitos de arena intentando taponar vías de agua.
La falacia de que una vida laboral desestructurada durante años puede mejorarse de la noche a la mañana, es una milonga que se tragan con alivio aquellos que creen poder cambiar su destino sin tener que ponerse a invertir un tiempo proporcional al que dedicaron a empeorarlo. No hay pasaportes directos para una vida mejor, ni tampoco para la inserción laboral. Si alguien logra salir de la exclusión social o profesional ligero de equipaje seguro que tenía más recursos y habilidades de las inicialmente evaluadas.
Tardaremos en mejorar nuestra vida profesional un tiempo proporcional al que usamos para “estropearla”.
La formación, especialmente la ocupacional, es uno de esos supuestos salvoconductos que el sistema vende como churros pero sin chocolate calentito, a palo seco, con la complicidad de los profesionales del empleo y del resto del “establishment laboral”. Luego, tras los cursos realizados, de operario/a de reciclaje de residuos, de ayuda a domicilio, de dependiente/a, de jardinero/a, de administrativo/a, de ofimática, de inglés para el comercio, de pavimentador o de mozo de cuadra, los ves llegar a las oficinas de empleo a inscribirse con la ilusión ingenua del que cree que va a trabajar mañana mismo, o con la resignación resabiada que produce el fracaso repetido tras el enésimo y último curso realizado porque “algo había que hacer”.
Nunca permito que mis estudios sean un impedimento para mi formación. Mark Twain
Si la panacea estuviera en estas soluciones directas y rápidas, meramente informativas, ¿para qué se requeriría el trabajo de orientadores/as, coachs y demás farándula del asesoramiento personal y profesional? Si uno quiere cursos sólo tiene que tirar de la manta pública de la formación profesional ocupacional autonómica, o de la estatal (aún queda alguna), utilizar herramientas de aprendizaje más innovadoras y flexibles proporcionadas por la Web 2.0, o preguntar a los expertos del e-learning.
Como profesionales, ¿qué motivos nos llevan a animar a nuestros clientes a participar en acciones formativas con tanta diligencia y sin aviso previo sobre su baja utilidad en determinados casos? La respuesta, posiblemente, sea más de carácter humano que técnico, y es que se supone que los/as orientadores/as también hacemos lo que podemos, algo habrá que recomendar para justificar nuestra presencia, y, total, nuestros/as clientes al menos “estarán ocupados y aprendiendo”. Siempre nos quedará la formación. Eso sí, en este camino de recursos más que de resultados, de intervención sin objetivos, se va poniendo en entredicho el valor y utilidad de la orientación profesional.
Ángel tiene 44 años. Hace tiempo que valoraron su discapacidad física por problemas respiratorios. Ha trabajado como peluquero y como limpiador algún tiempo. En los últimos 7 años ha realizado 4 cursos de FPO (formación ocupacional no reglada dirigida a desempleados): un curso de cocinero, con una duración de ¡920 horas!, otro de cajero de ¡850 horas!, uno más de Panadero con ¡600 horas!, y el último como administrativo de ¡870 horas!. Ninguna de estas actividades ha facilitado a Ángel el acceso a un empleo relacionado ni una mejora clara en su errante trayectoria profesional.
En las más de 3000 horas invertidas Ángel podría haber hecho otras cosas: especializarse profesionalmente haciendo un ciclo completo de formación profesional reglada; aprendido un idioma, tal vez fuera de España; quizás crear y afianzar su propia empresa; encontrado uno o varios empleos aplicando técnicas de búsqueda adecuadas… O sencillamente podría haberse dedicado a “vivir mejor” y a disfrutar de su tiempo libre si esa hubiera sido su elección.
Debemos hacer a Ángel responsable de las decisiones que toma, pero también a aquellos que le han asesorado, permitido e incluso facilitado cometer estos desmanes curriculares. Ningún curso nos sale gratis, todos tienen un coste de oportunidad. Sin hablar del estropicio que causa sobre la propia cualificación profesional un currículum formativo errante, que no polivalente.
Como cualquier recurso, la formación adecuada y ajustada a cada perfil, puede habilitar, cualificar y motivar profesionalmente. Pero la mera asistencia a cursos administrada como un fármaco genérico de amplio espectro no conlleva más ventajas que las que proporciona el azar. Eso sí, las estadísticas que contabilizan a cientos de miles de alumnos ayuda a generar el espejismo de que se prestan servicios tangibles y se cubren necesidades.
¿Por qué se sigue recomendando con esa ligereza la realización de acciones formativas? El axioma está claro:
“En caso de duda haz un curso, que todo lo demás cuesta más trabajo y hay que planificarlo bien”.
Generalmente el camino supuestamente más largo (FP reglada) no lo es tanto como los supuestos atajos (FP ocupacional) que acaban yendo a ningún sitio, sobre todo con mal asesoramiento. La formación es un medio para un fin, así que tal vez antes de ponerse a hacer cursos venga bien un poco de coaching para el empleo QDQC .
Si queréis hacer comentarios sobre vuestras experiencias con la formación (como orientadores, alumnos, formadores o paseantes) los incluiré en el próximo capitulo (II): La orientación como antídoto de la cursitis.

Creo que has dado en el clavo. Y la frase remarcada es muy buena. La formación lleva muchos años sobrevalorada en España (llegaremos a tener una burbuja ahora? ;). Creo que es una herencia de tiempos en los que tener un título era igual a ganar más dinero. Luego con la burbuja inmobiliaria la cosa cambió un poco, pero con la crisis todo está volviendo a su cauce de nuevo. Ahora, el que se ha ido vendiendo al mejor postor por dinero sin intentar forjarse una carrera laboral, está pagando el precio de ello (Pan para hoy y hambre para mañana, como dice el refrán).
Pero el problema de esta corriente actual es el interés del gobierno de sacar a la gente fuera de las listas del paro con formación y los intereses económicos de las empresas de formación para poder sacar tajada del asunto. Política y dinero. El problema de siempre…
.-= Último post de anllogui… blog .. ¿Es buena idea emprender en tiempos de crisis? =-.
El problema es considerar los cursos y titulaciones como fines en sí mismas.
La formación debe servir para desarrollar competencias y aumentar la especialización.
Menuda bronca me costo a mí con mis padres, porque me llamaron de un curso del paro de gestión comercial que al final no decidí dejadlo porque ni era bilingue ni era gestión comercial y eran 630 de asistencia obligatoria.
Ahora he solicitado una fp superior de administración y dirección de empresas a través del instituto obert de catalunya (tendré que estudiar en catalán) y va y me dice mi padre que para que una fp teniendo la carrera, el mismo que me decía lo del curso del paro
desgraciadamente, en lo laboral no hago mucho caso a mis padres porque cada consejo o sugerencia es peor que la anterior me alegro de no haberles hecho mucho caso, aunque suene un poco mal.
muchas gracias por tu blog, un saludo
Felicidades, Patricia, por mantenerte firme, no es fácil. Cuántas carreras truncadas genera la presión social, una de las formas de elegir mal los estudios https://yoriento.com/2007/06/10-formas-de-elegir-mal-estudios-profesiones-carrera-orientacion-profesional.html/
No puedo estar más de acuerdo contigo. Llevo ya años dedicada a esto de la formación “ocupacional” y es muy triste la reflexión que hago sobre los alumnos cada vez vez termino un curso (salvo alguna honrosa excepción, todo hay que decirlo), en el sentido de “otro más para la colección”, sin más utilidad que ocupar unas líneas en sus CV .
En mi opinión, hay aquí dos grandes problemas: uno es la selección de los alumnos, pues hay que llenar los cursos como sea, sin detenerse a comprobar la utilidad real que puede tener para ellos y su MOTIVACIÓN. El segundo problema es que estos cursos están sobredimensionados; con la mitad de horas seguramente sería suficiente y los alumnos mantendrían más el interés.
En fin, que esto daría para escribir un libro (alomejor lo hago, jaja).
Y gracias por el artículo. Saludos.
Hay que llenar de alumnos los cursos como sea y hay que llenarlos de horas como sea.
Todo para cuadrar ingresos antes que para “cuadrar carreras” :(
Estoy de acuerdo, llevo desempleada bastante tiempo, con trabajos irregulares y algunos sin tener que ver con mi formación ni con lo que quería para mí y en ese tiempo he hecho varios cursos, pero partiendo de la base principal de que me interesaban o para formarme en algo relacionado ya con mi experiencia laboral o con mis intereses personales, sin pensar que me iban a llevar a trabajar en ese campo. Y lo mejor que he hecho ha sido un curso sobre empleabilidad que me hizo reforzar ciertos aspectos personales que empezaban a flojear y a volverme una persona gris, que me dio la oportunidad de hacer alguna entrevista y ponerme a prueba y que supuso oír y conocer a profesionales que nos hacían ver que tú sigues siendo la misma persona, el mismo profesional, empleado o no. Y desde luego creo que hacer cursos está bien pero no hacerlos por hacer porque te acaban llevando al mismo punto del que saliste, aunque hay algo positivo en ellos: te hacen salir de casa, te hacen relacionarte, te hacen esforzarte, te sacan un poco de ese mundo del desempleado y en muchos de ellos te sube la autoestima y te motivan a encontrarte útil de nuevo. Y ese aspecto de la socialización es muy importante, básico.
Dulce, cada persona debe valorar la eficacia de las actividades formativas que elige cursar sin autoengañarse.
Realizar cursos siempre tiene algunos aspectos positivos, como mencionas, pero tenemos que tener una perspectiva más amplia y preguntarnos: este curso ¿me ha ayudado a avanzar DE VERDAD?
Me parece un post muy atinado, pero la realidad es que muchas de estas personas no tienen ninguna oportunidad; porque no tienen a veces ni dinero para coger el autobús, mucho menos para aprender idiomas fuera; porque no tienen capacidad para hacer estudios (fracasaron por eso, no todos somos iguales); porque no tienen familiares o conocidos en circunstancias de poder ayudarles (el famoso networking); porque circunstancias ajenas a ellos y que no pueden controlar les supera (la edad, la apariencia, etc)
No todo el mundo puede salir del hoyo solo, y esos son, precisamente quienes más solos están.
María Antonia, creo que hay un gran número de recursos disponibles con un coste muy bajo para desarrollar la carrera o reiniciar una vida profesional razonable.
La clave es crear uno o varios planes para buscar y usar los recursos adecuados, y para ello debe contarse con la ayuda de orientadores, mentores o educadores, más cuanto menos habilidades de planificación se tengan.