Pero en muchos otros empleos, los trabajadores no están sometidos a la misma presión, los objetivos no están claramente definidos ni conectados con la misión de la empresa, y los motivadores son casi exclusivamente económicos. Ahí lo que más duele es el aburrimiento, una lacra tan generalizada como difícil de erradicar. Y con el bostezo se suelen juntar el hastío o la habituación que conlleva la repetición de tareas o el más de lo mismo. Porque incluso aunque nuestro curro sea interesante, lo interesante no es para siempre. La cosa irá poniéndose malita a menos que sepamos alimentarla redefiniendo objetivos y metas, y estableciendo sistemas de feedback y de valoración que nos permitan seguir sintiendo que lo que hacemos sirve para algo, que tiene sentido.
Sí, el asunto no es fácil, pero la vida es demasiado corta y el trabajo demasiado largo para no plantearse alternativas. Al hilo de este asunto, ¿se te ocurre alguna medida concreta que podrías tomar para aburrirte menos? Ah, ¿que tú no te aburres? Por favor, entonces comparte tus secretos con nosotros, please. Mientras te lo piensas, te dejo con más “curros equivocados”. Gracias Marta por enviármelos. Y recuerda, en caso de tedio siempre puedes dedicarte a hacer un blog.



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