¿Quién tiene mayor capacidad adquisitiva, una persona que vive en una chabola o en una vivienda subvencionada, que tiene un bajo nivel de gasto, trabaja como vendedor ambulante o chatarrero y percibe diversos tipos de ayudas sociales, o un/a joven/a poco cualificado que paga una hipoteca inmoral, dispone de un salario precario y tiene un considerable nivel de vida, es decir, nivel de gasto? Uso este maniqueo y superficial ejemplo para afirmar que la conceptualización de la pobreza y la exclusión social está basado especialmente en los ingresos cuando debería relacionarse más con los estilos de vida, es decir, no tanto con la pasta que se tiene sino con la forma y el sentido en que se gasta.
Hace un año, un 27 de Agosto de 2007, publicaba unas reflexiones inspirado por la estampa de “una familia en exclusión” que pasó por la oficina de empleo: “Lo que caracteriza a aquellos que viven en condiciones precarias es que, independientemente de sus recursos, siempre viven en “vacas flacas”, sobreviven de hora en hora y nunca planifican el futuro. Y claro, si no piensas en mañana, sólo vives el día de hoy, atrapado en el tiempo (ver vídeo), cada vez con menos posibilidades de escapar.” Y esta “trampa de la pobreza”, que consiste en aprender a vivir con lo que te dan, está construida sobre las ayudas sociales que el Estado proporciona sin obtener, exigir o motivar la contraprestación y los esfuerzos necesarios por parte de sus beneficiarios/as. El requisito prácticamente único para tener derecho a percibir ayudas es acreditar no disponer de ingresos, es decir, una condición negativa y no la realización de una actividad o la consecución de un avance. Luego con algunos trámites más tales como inscribirse como persona demandante de empleo o presentar una copia del libro de familia, será suficiente.
El dinero entregado, lejos de fomentar la actividad, el esfuerzo y la superación, es responsable de la dependencia y de más exclusión. Dicho de otra forma, la mejor manera de obtener ayudas por ser pobre es… seguir siéndolo. O, al menos, parecerlo. Y la mejor manera de mantener las prestaciones por desempleo (así mismo llamado “cobrar el paro”) es seguir sin trabajar. También hace un año, tal día como hoy, escribía sobre oficinas de empleo y sueldos nescafé y comentaba que “exagerando la cosa, podría decirse que las personas desempleadas no tienen tiempo para buscar empleo y mejorar profesionalmente, porque lo dedican a estar pendientes de solicitar y mantener las ayudas que reciben. Si la carrera de la rata nos impide o dificulta montar nuestra propia empresa o convertirnos en emprendedores, la adicción a las “ayudinas”, subsidios y prestaciones de todo tipo, crean dependencia, falta de iniciativa y desmotivación profesional, hasta convertirse, en su versión más heavy, en una trampa de la pobreza, más conocida como “vivir con lo que te dan”.
Y es que eso de que las ayudas ayudan tal vez sea otra creencia errónea más, ¿no?
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