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La cosa está muy mala (524)

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Un jefe quiere buscar una forma de detectar y eliminar más rápidamente los fallos de software. Ofrece un plan de incentivos: 20 dólares por cada fallo que detecte el personal de control de calidad y 30 por cada uno que reparen los programadores (se trata de los mismos programadores que crearon los fallos).
Resultado: surge de inmediato una economía sumergida basada en los fallos. El plan se remodeló después de que un empleado consiguió acumular 1700 dolares la primera semana. El principio de Dilbert, pág. 12

Hoy comentaba en Twitter una frase clásica de la crisis: “es que la cosa está muy mala”, pero que curiosamente es más empleada por aquellos/as a los que les va como siempre. Las personas decimos lo que haga falta, incluidas las inevitables quejas, con tal de generar la máxima apariencia posible de emergencia o necesidad para obtener el mayor beneficio posible. Somos un producto bien calibrado de la selección sociocultural.

ocupaciones-paroEn el “submundo” de las oficinas “de desempleo” he podido comprobar que muchas personas dicen y parecen estar en crisis laboral permanente independientemente del estado de la economía. Son desempleados crónicos que reciben ayudas de forma crónica de varias administraciones. No sé qué fue primero, el huevo de la inactividad o la gallina de la trampa de la pobreza, que consiste en vivir con lo que te den.

También hace unos días un joven de 16 años que estaba estudiando la ESO me decía que se inscribía en la oficina de empleo “porque había mucha crisis”, sin duda instigado por su familia (niño, tu apúntate por si acaso Zapatero da algo), y una señora de 63 años que nunca ha cotizado a la seguridad social y que no mostró ningún interés por ofertas de empleo de ningún tipo, también engrosaba las listas del paro para ver si le podía caer “alguna ayudita.” Será por ejemplos.

El problema no son los costes públicos de una economía sumergida basada, no en el desempleo, sino en las deficiencias del modelo de ayudas contra el desempleo. Lo peor es que durante muchos años se ha creado una cultura de la inactividad, de la baja productividad y de la dependencia que se resume en esa idea que publiqué en Qué vas a hacer mañana: “No nos educaron para planificar nuestra vida profesional y así obtener unos ingresos, sino para pensar que tenemos derecho a unos ingresos.”

Mientras que sigamos dedicando tanta atención a lo que ofrecen las oficinas públicas de empleo en lugar de centrarnos en aquello que podemos ofrecer al mercado de trabajo, what do you bring to the party, las cosas no van a ir mucho mejor. Me contaba hoy una amiga que en Londres está mal visto que te vean en los Job Centre. Sin embargo por aquí el más listo es aquél que más pasta le saca a la administración. Ahora es un buen momento para repensar el papel de los servicios públicos de empleo y la forma en que “nos prestamos” los servicios sociales sin desincentivar la actividad y el emprendimiento en el sentido amplio de la palabra, también referido a trabajar por cuenta ajena. Sobre todo ahora que vamos sabiendo, no ya que la cosa está mala, sino que no mejorará demasiado:

“Hay quién siguen sin enterarse que España nunca volverá a ser en lo económico la de hace tan sólo un par o tres de años. Que jamás el sector de la construcción y afines volverán a absorber tanto factor trabajo como años atrás, y que lamentablemente, se quiera o no reconocer, poca de esta mano de obra podrá ser recolocada en otros sectores productivos. No hay, ni habrá sector que coja el tan ansiado relevo a la construcción. Y olvídense de papanatas de crear de la nada sectores de valor añadido de I+D. Eso requiere, tiempo (que ya no hay) y dinero (que ya no tenemos). El desajuste entre oferta y demanda de mano obra, es, y seguirá siendo brutal. Sobra mucha mano de obra, con independencia que se precarice todo lo que se quiera el mercado de trabajo español. Aún y con estas, seguirá sobrando muchísima mano de obra. Y para mayor abundamiento necesitamos mejorar la productividad, eficiencia, de nuestro mercado de trabajo, lo que aún requerirá desprendernos aún de más mano de obra”. En Joldi’s web, vía Raúl Hernández.

Tal vez antes hemos sido así pero parece que ya no hay más margen. O cambiamos o seremos cambiados.

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Oficinas de empleo (477)

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La viñeta, de El Roto, vista mediante un twitter-grama soñador

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Servicios públicos de empleo: ¿intermediación laboral o asistencia social? (468)

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Blanca me envía este artículo publicado en Cinco días con el sugerente título ¿Privatizar los servicios de empleo para combatir el paro? y del cual os dejo al final un amplio resumen. Con los artículos de opinión en general me suelo perder cuando las ideas importantes no están ordenados de una forma más o menos lógica, o cuando la retórica se impone a los datos, sobre todo si los temas que se abordan son técnicos y complejos, más susceptibles de análisis que de mera divulgación reflexiva o reflexión divulgativa. Me ha pasado también con este artículo en el que, a pesar de que se tiene la intención de defender las oficinas públicas de empleo y la gestión de las ofertas de trabajo desde la administración, parece que no se da ni un argumento que apoye esa postura salvo los ya clásicos y un tanto genéricos de la transparencia y la igualdad, que además tienen muchos matices. ¿Vosotros/as encontráis esos argumentos en el texto? En fin, como ya decía ayer, últimamente tengo la vista un poco nublada así que no descarto que el problema de comprensión sea mío.

sistema-basuraHace tiempo ya reflexioné que desde las oficinas de empleo cada vez se hace menos intermediación laboral de la buena, y más asistencia social. No cuestiono, por supuesto, que deban cubrirse las necesidades básicas de las personas que se encuentran en desempleo como de aquellas que lo pasan mal no importa cuáles sean los motivos. Pero la relación perversa y estrecha que se está estableciendo entre obtener ayudas de todo tipo con declarar que se está en desempleo está afectando negativamente a todo el sistema de intermediación. Cuando el mensaje que se traslada es sáquese la tarjeta del paro y tendrá derecho a ayudas, sin más valoraciones sobres los esfuerzos de cada uno, tiene unos efectos negativos de fomento de la inactividad y de creación de dependencia, tipo trampa de la pobreza, que sólo pueden percibir de forma clara las personas que todos los días trabajan en las oficinas de empleo. ¿Para cuando una renta básica ciudadana que permita separar una cosa (apoyo para cubrir necesidades básicas), de la otra (reconocimiento de la iniciativa y el esfuerzo personales)?

Creo que las personas debemos recibir un apoyo razonable del Estado pero que no cree tal dependencia que nos convierta en subsidiados que rotamos periódica e inexorablemente, año tras año, por los servicios sociales y las oficinas de empleo a recoger nuestros cheques correspondientes. La misma cronificación de estas situaciones nos indica a las claras que la cosa no funciona.  No podemos incentivar la inactividad desde los servicios públicos de empleo, por ejemplo, priorizando el acceso a las pocas ofertas de trabajo que se gestionan a aquellas personas que llevan más tiempo sin trabajar sin valorar si realmente se están esforzando por encontrar trabajo o por mejorar profesionalmente.

Si el mensaje que trasladamos es “cuanto más tiempo estés desempleado más posibilidades tienes de acceder a las buenas ofertas de empleo públicas que nos llegan” evidentemente no se está fomentando la iniciativa. Ayer mismo una señora de 55 años que no busca trabajo en absoluto, salvo que consideremos “búsqueda activa” el hecho de estar inscrita como “demandante de empleo” desde hace 8 años, me decía: “¿bueno, ya mismo me tocará que me llamen para algún trabajito de ordenanza en algún colegio, no?” En fin, el rito ancestral del cartón del paro. Tal vez el sistema sea igualitario, aunque desde luego no parece razonable. Y ojo, que no critico a esta persona, yo en su caso tal vez haría lo mismo. Hablamos del sistema que lo permite.

Creo que no sólo hay que analizar la eficacia concreta del sistema para atraer y gestionar ofertas de empleo, o para prestar unos u otros servicios específicos. Me parece mucho más importante definir el modelo de comportamiento que debería transmitir el sistema a los ciudadanos en lo que se refiere al desarrollo profesional, la competitividad, el emprendimiento y la iniciativa en general. Por cierto, que Juan Martínez también reflexionó sobre estos asuntos en ¿Para qué sirve el servicio público de empleo?

Yo soy un convencido de lo público, pero la pregunta tal vez no sea la de siempre, para qué sirve, sino para qué debe servir. Seguimos el debate en comentarios, si queréis, espero que os interese. :-) En fin, os dejo con el artículo mencionado, ¿Privatizar los servicios de empleo para combatir el paro? La viñeta es de Manel.
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¿En qué fallamos? La educación paradójica (438)

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Este divertido vídeo anuncio de Sprite que hemos visto, me lleva a un artículo de Miguel Ángel Santos, un profesor de profesores, que leí hace tiempo y que incluía esta frase sacada de contexto (no digo que este autor la defienda):

“Si dos hermanos salen diferentes, como los pimientos de padrón, que unos pican y otros no, se tiende a decir que a pesar de la misma educación recibida la responsabilidad es de cada uno y de su genética.”

¿La “misma” educación? ¿Quiere decir la cosa que dos niños, por el mero hecho de vivir y crecer juntos, están teniendo iguales experiencias de aprendizaje y similares consecuencias? ¿Dan los mismos pasos, comen al mismo ritmo, tienen un sueño REM calcadito, su voz tiene el mismo timbre, vocalizan igual, y reciben los mismo cariñitos y atenciones? ¿Cuándo la madre o el padre están mirando, sonriendo, hablando o regañando a uno de los niños, hacen lo mismo y al mismo tiempo con el otro? No deja de sorprenderme la grandilocuencia con la que afirmamos la complejidad del ser humano y, a la par, lo burdos que llegan a ser algunos conceptos y metodologías educativas basados en prejuicios tan generalizados como no cuestionados sobre la naturaleza del aprendizaje.

A los servicios públicos de empleo acuden frecuentemente padres que acompañan a sus hijos para que se inscriban como demandantes de empleo. Cuando se perciben las extraordinarias semejanzas entre unos y otros no queda más que convertirse en un acérrimo seguidor del determinismo social y familiar: uno es lo que sus padres hicieron de uno. La educación sufre de líos corporativistas y debates siempre abiertos relacionados con su calidad y su eficacia, pero quizás el tema más recurrente y clásico sea el de determinar la responsabilidad del resultado: qué parte de la influencia corresponde a las familias, y cuál a la escuela. Padres y profesores enfrentados en una guerra de atribuciones: no fuimos nosotros/as los que generamos esos comportamientos y hábitos en su hijo (negativos, obviamente); enviamos a una persona a la escuela y nos han devuelto otra diferente (peor, se entiende).
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¿Qué pasaría si todos/as fuésemos funcionarios? (196)

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Esta semana estoy un poco liado yendo y viniendo de Sevilla de un “curso de acceso a la función pública”. Hace unas semanas que me han nombrado funcionario y me están explicando, junto a otros compañeros de Córdoba y Cádiz (como Ángela, que me ha picado para escribir este post), algunas cosillas que pueden ser de interés para navegar por el sinuoso mar de lo público en Andalucía como los procedimientos de promoción interna, la administración electrónica y las labores concretas relacionadas con la gestión del empleo y la prestación de servicios a los ciudadanos.

Es una pena que no puedas estar tú también en el cursito. No sé si te gustaría, pero seguro que al menos disfrutarías de las cañas&tapas que nos tomaremos mañana miércoles por el centro de Sevilla. Por aquí seguiremos hablando y analizando de vez en cuando el comportamiento y la profesionalidad de los funcionatas, con las críticas y autocríticas correspondientes, porque aunque haya mucho por hacer y por mejorar en la administración pública, no deja de ser un reto en sí mismo participar en ese cambio. Otra cosa es que uno tenga la motivación y los apoyos necesarios para hacer lo que puede y para hacer lo que debe. Ya iremos viendo.

¿Cómo te comportarías si llegases a ser funcionario? ¿Cómo serían las cosas si todo el mundo fuese funcionario? Este conocido vídeo de Vaya Semanita te lo muestra.

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aag-ebe08-personal-recortadaAlfonso Alcántara es coach y consultor en empleo 2.0, desarrollo profesional, redes sociales y productividad

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