15 may, 2009
La cosa está muy mala (524)
Un jefe quiere buscar una forma de detectar y eliminar más rápidamente los fallos de software. Ofrece un plan de incentivos: 20 dólares por cada fallo que detecte el personal de control de calidad y 30 por cada uno que reparen los programadores (se trata de los mismos programadores que crearon los fallos).
Resultado: surge de inmediato una economía sumergida basada en los fallos. El plan se remodeló después de que un empleado consiguió acumular 1700 dolares la primera semana. El principio de Dilbert, pág. 12
Hoy comentaba en Twitter una frase clásica de la crisis: “es que la cosa está muy mala”, pero que curiosamente es más empleada por aquellos/as a los que les va como siempre. Las personas decimos lo que haga falta, incluidas las inevitables quejas, con tal de generar la máxima apariencia posible de emergencia o necesidad para obtener el mayor beneficio posible. Somos un producto bien calibrado de la selección sociocultural.
En el “submundo” de las oficinas “de desempleo” he podido comprobar que muchas personas dicen y parecen estar en crisis laboral permanente independientemente del estado de la economía. Son desempleados crónicos que reciben ayudas de forma crónica de varias administraciones. No sé qué fue primero, el huevo de la inactividad o la gallina de la trampa de la pobreza, que consiste en vivir con lo que te den.
También hace unos días un joven de 16 años que estaba estudiando la ESO me decía que se inscribía en la oficina de empleo “porque había mucha crisis”, sin duda instigado por su familia (niño, tu apúntate por si acaso Zapatero da algo), y una señora de 63 años que nunca ha cotizado a la seguridad social y que no mostró ningún interés por ofertas de empleo de ningún tipo, también engrosaba las listas del paro para ver si le podía caer “alguna ayudita.” Será por ejemplos.
El problema no son los costes públicos de una economía sumergida basada, no en el desempleo, sino en las deficiencias del modelo de ayudas contra el desempleo. Lo peor es que durante muchos años se ha creado una cultura de la inactividad, de la baja productividad y de la dependencia que se resume en esa idea que publiqué en Qué vas a hacer mañana: “No nos educaron para planificar nuestra vida profesional y así obtener unos ingresos, sino para pensar que tenemos derecho a unos ingresos.”
Mientras que sigamos dedicando tanta atención a lo que ofrecen las oficinas públicas de empleo en lugar de centrarnos en aquello que podemos ofrecer al mercado de trabajo, what do you bring to the party, las cosas no van a ir mucho mejor. Me contaba hoy una amiga que en Londres está mal visto que te vean en los Job Centre. Sin embargo por aquí el más listo es aquél que más pasta le saca a la administración. Ahora es un buen momento para repensar el papel de los servicios públicos de empleo y la forma en que “nos prestamos” los servicios sociales sin desincentivar la actividad y el emprendimiento en el sentido amplio de la palabra, también referido a trabajar por cuenta ajena. Sobre todo ahora que vamos sabiendo, no ya que la cosa está mala, sino que no mejorará demasiado:
“Hay quién siguen sin enterarse que España nunca volverá a ser en lo económico la de hace tan sólo un par o tres de años. Que jamás el sector de la construcción y afines volverán a absorber tanto factor trabajo como años atrás, y que lamentablemente, se quiera o no reconocer, poca de esta mano de obra podrá ser recolocada en otros sectores productivos. No hay, ni habrá sector que coja el tan ansiado relevo a la construcción. Y olvídense de papanatas de crear de la nada sectores de valor añadido de I+D. Eso requiere, tiempo (que ya no hay) y dinero (que ya no tenemos). El desajuste entre oferta y demanda de mano obra, es, y seguirá siendo brutal. Sobra mucha mano de obra, con independencia que se precarice todo lo que se quiera el mercado de trabajo español. Aún y con estas, seguirá sobrando muchísima mano de obra. Y para mayor abundamiento necesitamos mejorar la productividad, eficiencia, de nuestro mercado de trabajo, lo que aún requerirá desprendernos aún de más mano de obra”. En Joldi’s web, vía Raúl Hernández.
Tal vez antes hemos sido así pero parece que ya no hay más margen. O cambiamos o seremos cambiados.
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