31 ago, 2009
El bulo del síndrome postvacacional (597)
Lunes y encima 31 de agosto, vuelta de las vacaciones. Hace un año, tal día como hoy, publiqué un artículo crítico contra el llamado síndrome postvacacional, un término que se usa con normalidad pasmosa en la charla cotidiana pero también en los telediarios, algo mucho más alarmante. La costumbre de apellidar síndrome y de patologizar cualquier problema o insatisfacción vital se está convirtiendo en una característica de la modernidad.
Cuando se cambia la playa por la oficina parece comprensible sentir desazón, pero cuando uno argumenta que no quiere ir al curro porque “tiene” síndrome postvacacional está haciendo uso de la psicolabia que no explica nada pero lo justifica todo. Sentirse mal por volver al trabajo no es una enfermedad sino una prueba de que nuestro trabajo no nos gusta. El tiempo que dedicamos a añorar las pasadas vacaciones y a soñar con las próximas estaría mejor empleado en intentar mejorar nuestra vida diaria, que es la más frecuente. En palabras de Enrique Sacanell, más que síndrome postvacacional, tú lo que sufres es de insatisfacción laboral:
Puede que haya quien piense que la mejor manera de combatir el síndrome postvacacional sería alargando las vacaciones. Lo curioso es que las vacaciones adquieren el valor que les damos precisamente en contraste con el período laboral. Si las vacaciones se prolongaran indefinidamente serían otra cosa y de nuevo volverían a enfrentarnos a la pregunta crucial ¿qué sentido tiene para mi la vida? ¿para qué me levanto cada día? ¿cuál es mi proyecto vital?
Y tampoco es que muchos se lo hayan pasado tan bien en las vacaciones como nos cuentan, aunque se dé por hecho que cualquier cosa es mejor que fichar o que quedarse en la propia ciudad, como debatimos ampliamente en el polémica post ¿Es productivo viajar?, publicado al alimón con Carme Pla. También Eduard Punset reflexiona sobre el asunto y se pregunta en qué hemos cambiado después de tanto viaje, sol y alboroto, como Mikel Agirregabiria en su Hastío del estío, que incide en la maldad de ciertas formas de vacacionar. En fin, que el tema vacacional y postvacacional es una fuente inagotable de reflexión sobre el estilo de vida como el que plantea Manel: trabajar debería ser algo más que un interludio entre unas vacaciones y otras. ;)
Os dejo con un vídeo publicado también por Mikel en el que Bermúdez reflexiona en el Club de la Comedia sobre el fin de las vacaciones. Por cierto, en Twitter suelo anotar de vez en cuando diferentes frases, citas y reflexiones a las que les pongo la etiqueta #clubcomedia para que sea más fácil localizarlas.
Viernes y sábado anduve por Madrid colaborando con la Red ARAÑA en la aplicación de la Web 2.0 y de las redes sociales al ámbito del empleo. Se ha creado un grupo de trabajo interno formado por @victorfachal, @cristinaizarra, @pedro_leon, @manuesal y @teresalv, y un servidor, @yoriento. Lo digo por si os interesa seguirlos que, aunque acabamos de empezar, espero que la cosa dé mucho de sí. :-)
En fin, que si sufres malos rollos frecuentes, ya sea por síndromes prevacacionales, postvacacionales o vacacionales, recuerda tener siempre a mano tu kit de reducción antiestrés tal como propone en No puedo creer que lo hayan inventado. Otra alternativa menos drástica para relajarte consiste en echar un vistazo a los mejores vídeos que estamos publicando en verano. Algo es algo.
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