nov 20, 2008
Prejuicios y atención al cliente: la historia del niño y la camarera (378)
Un niño de 10 años entró en el establecimiento y se sentó en una mesa. La camarera puso un vaso de agua en frente de él. “¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?” pregunto el niño. “Cincuenta centavos”, respondió la camarera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas.“¿Cuánto cuesta un helado solo?”, volvió a preguntar. Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mujer ya estaba un poco impaciente. “Treinta y cinco centavos”, dijo ella bruscamente.
El niño volvió a contar las monedas. “Quiero el helado solo”, dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue. El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue.
Cuando la camarera volvió, empezó a limpiar la mesa y empezó a tragar saliva cuando vio que, puestos ordenadamente junto al plato vacío, estaban los treinta y cinco centavos, y veinticinco más, su propina.
Hace tiempo que no jugamos a sacar la moraleja del asunto, por qué no hoy ;-) Y si además os recuerda a alguna situación personal también nos gustará escucharla. Anda que no se habla por aquí de creencias y prejuicios, eh?
La viñeta, de El Erlich







Me recuerda a una historia que se narraba en un video sobre inmigración. Una señora entra en un restaurante y pide un plato de sopa. Se levanta a por algo (no recuerdo que) y al volver a sentarse ve que un chico de color (inmigrante se entendía por el contexto) está sentado delante de su plato de sopa. Ella empieza tirar del plato y el chico hace lo mismo. Asi que ella, al ver que no puede ganar empieza a tomar la sopa. El chico hace lo mismo y los dos empiezan a meter sus cucharas en el mismo plato. Una vez acabado el plato el chico se va. La mujer contrariada se levanta y al intentar coger el bolso que había colocado en el respaldo de su silla ve que no está. Piensa que el chico además de tomarse su sopa le ha robado el bolso. Empieza a andar hacia la puerta pero se da cuenta que justo en la mesa de atrás, esta su bolso ¡y su sopa! se había sentado en otra mesa por equivocación cuando volvió al levantarse y el chico había compartido su plato con ella.
La verdad es que la historia nos hace reflexionar sobre muchos prejuicios.
Espero os haya gustado.
Pues la historia que cuenta Raúl es igualitat a la de las “galletas”. ¿La sabéis?
Me ha gustado la historia, una muy buena lección que a decir verdad, creo que a todos nos ha pasado algo similar en alguna ocasión. Quién no se ha hecho una imagen errónea de alguien y al descubrirlo te sientes como la camarera? Yo creo que todos, no?
Pues yo te traigo una historia que te encantará, ya verás. La primera parte de la historia tiene que ver con el tema del post y los prejuicios, verás que es similar, pero en el desenlace verás que hay también algo de pensamiento lateral y… bueno, que no, que mejor que lo veas entero, si no, no tiene gracia. :-)
Las personas que nos rodean
A ver qué te parece :-)
Gracias, Raúm, por la historia ;-)
Carme, la de las galletas la tengo apuntada para publicar algún día, tal vez en 2009? ;-)
Carme Pla, la moraleja de tu historia es completamente diferente: si quieres tener vuelos más agradables elige sentarte con personas desagradables ;-)