El reforzamiento continuo: ¿eres más perro o más gaviota? (360)


Tal vez algunos recordéis al entrañable perro del chiringuito que mostraba una gran insistencia hasta conseguir las ansiadas sobras de los comensales. Una descripción más funcional o científica del asunto invertiría el orden para decir que la comida obtenida de forma tan intermitente hacía a nuestro amigo muy “resistente al fracaso.” Ahora esta puntual gaviota nos muestra otro escenario motivacional que produce comportamientos y emociones diferentes: siempre que acude a su hotel preferido recibe su ración de tortilla de patatas. Si la vida gastronómica del perro es una sucesión de numerosos fracasos salpicados por algún éxito que refuerza de forma muy potente su búsqueda, el menú a tiro fijo del pájaro es un continuo éxito que le hace débil: unas cuantas visitas seguidas sin obtener su preciado botín serán suficientes para que deje de acudir.

Insisto con frecuencia en que esto de la psicología no es lo que nos han contado y que lejos de tanta retórica mentalista y sentimentalista, lo que mueve nuestra conducta diaria y determina nuestras motivaciones son las cosas que hacemos, cómo las hacemos y lo que pasa, o no pasa, cuando las hacemos. Otra cosa es que nos eduquen para usar otras explicaciones tan grandilocuentes como poco fundamentadas sobre por qué somos cómo somos y hacemos lo que hacemos según las cuales, por ejemplo, el perrito es un animal “con carácter” que lucha contra la adversidad gracias a su “gran fuerza de voluntad” y su tenacidad, olvidando que la clave de su comportamiento está en la dura vida diaria a la que es sometido. Por otro lado, si la gaviota deja de ser alimentada sólo una semana seguida se enfadará mucho en cada una de esas ocasiones fallidas e incluso intentará agredir a su otras veces benefactora como último recurso para obtener lo que “es suyo”. Y un día ya no volará más hasta el hotel. Es entonces cuando algunas personas que no conocen la “historia de reforzamiento” de la gaviota la tacharán de “inconsistente” y “vaga”, y le atribuirán falta de motivación e incluso de gratitud.

Pero la vedadera razón de su falta de insistencia estará en la forma en que recibió el alimento: de forma continua, sin ningún “fracaso” intermedio. Nos gustan tanto las psicolabia en lugar de psicología meramente etiquetadoras pero que resultan tan sencillas y elegantes, que nos olvidamos de observar lo que realmente está pasando. Creemos que la motivación estuvo siempre dentro de la botella y eso nos impide descubrir como entró. Si echas un vistazo a tus comportamientos en diferentes contextos verás que algunos son tan resistentes como los del perrito, y otros abandonaron tu vida en cuanto aparecieron los primeros fracasos. Y es que todos somo un poco perros y un poco pájaros dependiendo de los chiringuitos y los hoteles (léanse casas y empresas) en que fuimos y estamos siendo “educados”, ¿no?


Comentarios

  1. Jesús López says

    Hola Yoriento,

    Muy interesante… mientras leía me he sentido un poco perro ya que desconfío de todo lo que sale bien a la primera y he echo mía una frase de Fito y los Fitipaldis, “Lo que adoro son las flores que crecen en la basura…”

    El problema no es ser uno u otro animal, siempre y cuando consigas resultados, el problema es pasar de un ambiente de esfuerzo y dedicación a uno de ocio y dejadez.

    Podríamos citar muchos ejemplos de deportistas de elite que crecieron y se hicieron famosos como “perros” pero que llegado el momento se volvieron “gaviotas”. Durante un tiempo los resultados se mantuvieron pero cuando estos no llegaron el complejo de “gaviota” acabó por hundirles. Así a bote pronto se me viene a la cabeza cierto morenito con los dientes largos que juega en un club de fútbol de Milan ¦

    De todas formas no estoy de acuerdo en la siguiente frase: œlo que mueve nuestra conducta diaria y determina nuestras motivaciones son las cosas que hacemos, cómo las hacemos y lo que pasa, o no pasa, cuando las hacemos. 

    Nuestro entorno y nuestra personalidad determina nuestra motivación para hacer aquello que queremos. Lo que hacemos no es más que el resultado las anteriores.

    Saludos,

  2. Yoriento says

    Hola Jesús,
    muy oportunas tus reflexiones perras-pájaras ;-)
    Y me quedo con tu frase de Fito, sin duda. :-)

    Estoy de acuerdo en eso que dices de que nuestro entorno determina nuestra motivación. Con la frase “nuestras motivaciones son las cosas que hacemos y lo que pasa cuando las hacemos” me refiero sobre todo al pasado, que influye en el presente y en el futuro.

    Quiero decir que, por ejemplo, si uno en determinados contextos ha conseguido lo que quería sin mucho esfuerzo y a los pocos intentos, en el futuro su “personalidad” será menos fuerte que en el caso de aquellos que han tenido que encontrar las flores en la basura, no? ;-)

  3. Marta says

    Hola a tod@s, soy orientadora y he descubierto este blog hace pocos días, y la verdad es que me encanta como habláis de la psicología y la orientación.
    Enhorabuena por el blog.
    Nos leemos!

  4. Yoriento says

    Hola Marta,
    ya te tengo fichada en mi Google Reader y desde hace unos días leo tus reflexiones de “orientación en secundaria”.

    Gracias por pasarte ;-)

  5. Ruben Turienzo says

    Pues yo prefiero pensar que soy un poco ornitorrinco, mitad pájaro mitad castor. Por un lado vuelo libre y sin restricciones y por el otro, intento construir presas de contención para vacas flacas.

    Un abrazo niño y gracias por el enlace del otro día ;)

  6. Yoriento says

    Bueno Rubén, hasta los pajaritos tienen sus obligaciones, y los castores sus chapoteos y sus meneítos ;-) No importa qué animal seamos, sino cómo nos organicemos la vida, no? :-)

    Oye, nos gustaría mucho contar contigo en la BloGuía de Empleo. Seguro que entre todos los temas posibles encuentras alguno en el que te divierta aportar.

    No se trata de hacer algo complicado sino sencillo y práctico. ¿Te apuntas? :-)

  7. Jose Miguel Bolivar says

    Muy interesante. Creo que lo que comentas de que somos un poco perros y un poco pájaros en función de nuestras experiencias es una gran verdad.

    JM

  8. Yoriento says

    Pues eso se podría generalizar, José Miguel: lo que somos depende de nuestras experiencias anteriores, lo que pasa es que no somos muy conscientes ;-)

  9. Anna says

    Ah, la relatividad de las etiquetas… ¿Qué importa cómo valoren mi actitud (constancia, egoismo, interesada, tenaz, etc) si al final unos días somos perros, los otros gaviotas y -los más- quizás tortilla de patatas y servimos de bocado a otro? Más de un chiringuito y hotel debería haber puesto a nuestra disposición el libro de reclamaciones. ;-)

  10. Yoriento says

    Pues eso, Anna, que si al menos conocemos de antemano como funcionan las cosas en lugar de vernos obligados y quejosos a reclamar, podremos incluso participar en el diseño de los chiringuitos e incluso en el contenido de los menús.

    Tus visitas son apreciadas, amiga ;-)

  11. Anna says

    Cierto, Yoriento. Me inclino más por una educación participativa (al menos, lo intento en mi pequeña parcela) porque me gusta más comer a la carta que de menú. Reconocer las propias limitaciones, también las del entorno y conjugarlas y aderezarlas con un buen equipaje de “open education” en competencias, valores,…

    PS: Te leo mucho, te comento menos (menos de lo que querría). Pero me sigue fascinando tu blog. Un abrazo.

  12. Yoriento says

    Hay tantas reglas en este juego, que a veces podemos sentirnos satisfechos con conocer y aplicar bien tan sólo alguna que otra, y en estar pendientes de no cometer errores importantes.

    Por no ponerme zen y concretar, diré que aprender a generar motivaciones puede ser uno de esos buenos principios, y no dejarse llevar por el corto plazo y los pasajeros negativos, algunos de esos errores a evitar.

    Yo también te leo, amiga, aunque me cueste más meter baza :-)

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