oct 18, 2008
La ansiedad, no siempre tan mala como hablar de ella (347)
Estas últimas dos semanas he andado un poco ocupado y no he podido estar al día con vuestras intervenciones en diferentes artículos, como el de los errores al elegir estudios y otras cosas, o el de la veneración de los éxitos, entre otros. Pero ya he hecho las tareas. Mi motivación para responder comentarios y atender el blog es generalmente positiva porque me interesan y divierten muchas de vuestras reflexiones, y escribir es un hábito que ya foma parte de mi vida alrededor del que organizo proyectos y genero ideas.
Pero parte de mi actividad también es impulsada por el deseo de mantener a raya mi bandeja de entrada en Gmail y terminar (de una vez¡) con lo que está pendiente (cuando publicáis un comentario, Blogger me envía un correo). Algunos podrían llamar obsesiva-compulsivo a este tipo de actitud, y no sé si se puede decir que estos días andaba algo estresado porque eso de la ansiedad tiene muy mala prensa, más ahora que se habla tanto de síndromes y se llena la vida de etiquetas y explicaciones supuestamente psicológicas e innecesarias.
En una charla con Eba en su blog me dió por recomendarle el excelente cuento del ratoncito angustiado que prologaba esta conclusión:
“Es verdad que anticipar el dolor y generar miedos de forma gratuita, generalizada e intensa obviamente no conlleva ninguna ventaja. Así se desarrollan fobias y comportamientos obsesivo-compulsivos. En estos casos la ansiedad no cumple su función, que es mantenernos alerta, sino que “se alimenta a sí misma”. Pero anticipar posibles problemas y decepciones concretas, y prepararse para ellas, puede hacer más probable su prevención, o su superación en el caso de que se produzcan. Este “pesimismo defensivo” o “almohada emocional” puede conllevar alguna “angustia necesaria” en el presente, pero será muy útil para el futuro.” (Leer más…)
En todo caso, la ansiedad mala, esa que tiene que ver con que se nos suban al autobús pasajeros negativos y nos pongamos a hablar con ellos, suele aparecer cuando no ocupamos el tiempo activamente o dejamos de hacer lo que toca, cuando no encontramos nuestro ritmo en el trabajo, por ejemplo, y abandonamos nuestras rutinas diarias o no somos capaces de establecerlas, tal como recomienda Eric como buenos hábitos vitales. Así que, a veces, estar algo estresado puede no ser tan malo como piensas y simplemente formar parte de la vida cotidiana ;-)
La imagen la secuestré en Soy donde no pienso







Es cierto, un poco de estrés (del bueno) mantiene lubricados nuestros sistemas de control de las rutinas y nos da mucha más energías para seguir manteniendo pisado el acelerador de la motivación. Al menos es lo que ocurre en mi caso, en donde incluso en actividades de reposo siempre hay algo que me inquieta y que me pone e pensar, relexionar o actuar, lo malo es que a veces no encuentro esa delgada línea que separa la ansiedad positiva de lo que ya va tomando el vivo color de la angustia… ¿le sucede esto a alguién más?
SM
SM,
mi opinión es que la ansiedad crece cuando… uno se pregunta demasiado por la frontera entra la buena y la mala ;-)