Sep 23, 2008
Humor contra la exclusion. La semana de los videos (326)
No suelo hablar específicamente de las relaciones entre empleo y discapacidad, o de orientación contra la exclusión social, por ejemplo. Creo que esta actitud de no dar relevancia a las particularidades limitantes y handicaps de cada uno, y centrarse en los objetivos y metas personales a perseguir, sea la mejor forma de evitar discriminaciones y la mejor vía para conseguir la “integración” sin tanta intervencionitis. Otra cosa es que los recursos destinados a la solución de cada problema se apliquen de forma proporcional. Si un joven que abandona la ESO (o que es abandonado por ella) requiere servicios complementarios para encauzar su vida educativa y profesional, se le deben prestar cuando la evaluación personalizada de su situación así lo demande, pero no por el hecho de haber sido adscrito al “colectivo del fracaso escolar” según indicadores estandarizados.
Siempre me he resistido a toda esa parafernalia clasificatoria que está instalada en la sociedad en general, y en el mundo del empleo y la inserción sociolaboral en particular, que etiqueta a las personas no por los tipos de problemas específicos y funcionales que sufren (que deben ser evaluados de forma única), sino más bien acorde a características supuestamente objetivas (edad, género, tipo de exclusión, etc.) para, también supuestamente, aplicar medidas adaptadas para cada perfil de esa taxonomía. En la actualidad existen programas de fomento del empleo para mujeres, jóvenes, personas con discapacidad, para mayores de 45 años, para otras personas en exclusión social por diversos motivos, que si se es gitano, que si ex recluso, que si ex consumidor de sustancias adictivas… Todas estas clasificaciones cumplen más con el objetivo de facilitar a las administraciones la gestión de las ayudas correspondientes según los baremos establecidos, pero no con el de la remoción de los problemas existentes, que tienden a institucionalizarse. Uno deja de tener un problema de desempleo que requiere una intervención personalizada para convertirse en un “parado de larga duración” con una serie de derechos sociales especificados en una normativa.
Algunas veces vivo situaciones almodovarianas cuando algunas personas acuden a la oficina solicitando algún tipo de servicio, ayuda o beneficio con base en características “homologadas” de exclusión. Mire usted, es que quiero apuntarme al curso ese con contrato que es sólo para gitanos, es que yo soy gitana, sabe usted. La justificación de su origen étnico no sobra porque la persona en cuestión es universitaria y aparentemente de clase media. También es frecuente que mujeres que se acaban de divorciar o separar y aquellas que declaran ser solteras, todas ellas con hijos, intenten hacer valer sus supuestos derechos de divorciadas o separadas o solteras con hijos. Para gente como yo habrá algunos trabajos o ayudas, ¿no? Querrías aclararle que su situación afectiva o su estilo de vida no es directamente un cheque al portador, que sólo su situación socioeconómica es la que debe considerarse a la hora de solicitar u obtener algún tipo de apoyo. Pero te limitas a informarle sobre sus derechos y punto.
En todo caso, este victimismo directamente asociado a categorías de exclusión social y laboral lo hemos creado entre todos. Tener una discapacidad, ser un trabajador inmigrante, tener más de 45 años o ser desempleado de larga duración, no necesariamente tiene por qué indicar la existencia de especiales o graves problemas. Hay que evaluar cada caso y no crear esa sensación de que a cada “colectivo de exclusión” le toca lo suyo, porque lo que está ocurriendo desde hace muchos años es que la gente, concepto que nos incluye a todos/as, comprueba la casilla que mejor se ajusta a su situación y hace sus cuentas. No se centra en solucionar sus problemas sino en adaptarlos y explicarlos para que casen con la definición oficial.
Ya habéis visto en éste vídeo, uno de los muchos monólogos de Toño, guionista humorista de El Hormiguero, que se puede ser una persona con discapacidad a la vez que se ejerce de alma de la fiesta (el mero hecho de que haya que explicar esto ya indica que algo no va bien). Pero es que también se puede tener un cuerpo sin discapacidad y estar a punto de dormir en la calle, y se puede ser orientador y necesitar orientación. Seguramente sea mi caso. En fin, dejemos las etiquetas, y hablemos de las personas.







Tienes razón Yoriento hemos creado un lastre social que nos autodiscrimina y que nos segrega en grupos como si fuese un rebaño. Lo peor, son las personas que se creen con más derechos que los demás por sentirse nominalmente discriminadan y tipificadan en una categoría X que automáticamente las convierte en alguien diferente.
Mi mujer es profesional de la salud y muchas veces me involucro indirectamente con su trabajo que tiene mucho que ver con personas discapacitadas y me sorprende la cantidad de abusos que cometen estas personas, escudándose en su supuesta condición de inferioridad en la que la otra parte se vería muy mal si llegase a responder a cualquier agresión o abuso.
Imagina lo difícil que es poner en su lugar a alguien que va en silla de ruedas, aunque haya cometido un abuso grave, la tendencia es a perdonarlo por su condición, siendo una constante generalizada en este tipo de sociedades.
En el aspecto laboral, he notado que estas actitudes clasificatorias provenientes de la administración predisponen a los merecedores de “privilegios” a no hacer nada por ellos mismo esperando la ayuda de papá gobierno, como si de un derecho adquirido se tratase. Lo más grave es que los familiares cercanos se unen a la caza de beneficios para el/la “pobrecito(a)” reforzando aún más la fijación auto-discriminatoria.
Yoriento, más vale no preocuparse tanto, pues para resolverlo tendríamos que hacer cambios culturales y legales profundos que ni tu ni yo llegaríamos a ver, así que lo que nos queda es tratar de concienzar a los pocos que podamos abarcar.
Slds
SM
Me ha encantado el post.
Como bien apuntas al final del mismo, parece que esto es un ejemplo más de la obsesión por las etiquetas y encima utilizándolas mal.
Porque digo yo: puestos a usarlas, ¿por qué no lo hacemos bien y usamos sólo la de “personas”?
JM
si hay incluidos y excluídos: ¿Qué problema tendrían que tener los incluídos?
Y si hay problemas con los excluídos (porque se autovictimizan, etc), ¿en qué radica la grandeza de las personas?
Ahi me has dao!!!.Cuando tengo que preparar un proyecto para la consabida subvención lo que mas me jode es el rollo de los “ejes”: mayor de 45 años con un año de desempleo, joven con cargas familiares sin la eso, extoxicomano en riesgo de exclusión social con cargas familiares + de 45 años y parado de larga duracion.Es que estos parados no se dejan!!! Con lo facil que es centrarnos en la “persona” y no en la etiqueta. Además, estoy convencida que la mayoria de estos programas fracasan por que se centran en las etiquetas-. En fin, que equivocados estamos!!!
Hola SM,
la clasificación tiene una motivación facilitadora que nos permite comunicarnos sin aparente confusión. Pero es un espejismo que además tiene muchos efectos secundarios que los profesionales de sectores específicos, como tu pareja, perciben con claridad absoluta.
José Miguel,
si de lo que se trata es de analizar problemas y situaciones específicas para ofrecer apoyos y soluciones pues eso, analicemos problemas y situaciones específicas, y no apliquemos recetas en función de etiquetas.
Aunque inicialmente implique más tiempo y más recursos, la intervención personalizada es más rentable a largo plazo.
CAMILO,
las personas nos autovictimizamos porque el contexto lo hace beneficioso de alguna forma. No hay que culpabilizar a las personas, hacemos lo que podemos y hacemos lo que nos dejan.
LUSITA,
qué bonito es hacer proyectos, eh? :-)
¿y qué os parece el colectivo “víctima de violencia de género”? En la Comunidad de Madrid cuenta con servicios específicos en las oficinas de empleo.
Un tema delicado, es complicado delimitar dónde termina la ayuda necesaria y dónde comienza la ayuda que crea dependencia.
Lo dicho, algunas personas se autoproclaman pertenecientes a un colectivo de sufrimiento determinado para arrogarse más derechos de la cuenta… Pero al ser asuntos sensibles es difícil hacer análisis rigurosos sin salir escaldado, no?
Creo que la clave es dejar de hablar de colectivos y problemas generales, y empezar a tratar con personas.
mmmm… sí y no. Me explico: comparto la posición “filosófica” de la personalización. Pero es difícil gestionar desde ahí. Ejemplos innumerables, como la afamada gestión del talento que parte de agrupar empleados.
Categorizar es un proceso cognitivo básico que nos ayuda a movernos por el mundo.
Ahora bien, claro que hay abusos y simplificaciones excesivas. Un combinado de categorización + personalización sería lo ideal.
Uxío,
Como bien dices, categorizar o clasificar no deja de ser una herramienta. No se critica su uso, sino su mal uso cuando se eligen criterios de clasificación erróneos para decidir quién debe recibir ayudas.
Y además la propia clasificación en sí genera en las personas comportamientos de dependencia al motivarles para que se incluyen en las categorías beneficiadas.
¿Crees que las categorías gitano, emigrante, persona con discapacidad, persona desempleada de larga duración, etc. son realmente funcionales y útiles?
¿O quizás sea mejor trabajar con estas otras: personas con bajas rentas, personas descualificadas, personas sin soporte social y familiar, personas sin hábitos de higiene personales, personas inactivas o no motivadas laboralmente en un momento dado, etc.?
Clasificar, sí. Clasificar mal, no. ;-)
ok; veo que esto daría para mucho… Entiendo el punto de las ayudas y la “funcionalidad” de la clasificación respecto a ciertos servicios.
Todo depende de cómo clasifiques y para qué. Se supone que agrupas problemáticas similares, no necesariamente “identidades” aunque luego las personas se autodefinan sólo por esa clasificación.
Por ejemplo, la categoría “mujeres embarazadas” es relevante para el acceso a determinados servicios; la categoría “latino” es relevante en cuanto a reflejo de una identidad compartida con una comunidad que comparte elementos culturales que se reflejan en redes….
Vamos, que necesitaríamos un café para hablar de todo esto con calma :) Para mi es muy relevante porque el trabajo en el área de diversidad tiene mucho que ver con las dimensiones de trabajo que elijas…
Uxío,
El tema de la diversidad es complejo precisamente por lo que indicas, dónde poner los límites, que factores utilizas para diferenciar lo diverso de lo homogéneo…
Las clasificaciones son útiles…sólo si demuestra que lo son. Ya te digo, creo que hay un afan por sobreetiquetar, también en psicología, más allá de lo razonable y de lo necesario, etiquetas que son utilizados por algunos “expertos”
para seguir aparentando que lo son. :-)