Sep 11, 2008
Habilidades sociales en el blues de mi escalera (318)
Cuando eres serio, circunspecto y aburrido, la gente de la clase, salvo para el quehacer que atañe al estudio (trabajos conjuntos, resolución de problemas…), pasa de ti. En los jolgorios te encuentras desplazado e incómodo, hasta que un día descubres que tomándote un par de cervezas te vuelves desinhibido y ocurrente. Tus amigos celebran el cambio: «¡Eres cojonudo!», te dicen. Y tú, por primera vez, te sientes integrado. A partir de ese día consideras que el alcohol te es indispensable para triunfar. En seguida, las dos cervezas son insuficientes para ponerte a tono con el ambiente, por lo cual hay que aumentar la dosis. Tomas cócteles que te saben a gloria: participas en concursos para dirimir quién es el más macho en razón del número de lingotazos y chupitos que aguanta sin desplomarse; y bebes, y bebes. Al final, de soso pero apañado pasas a ser un guiñapo sin salud y sin libertad.
En el blog hemos lidiado con las habilidades sociales en una veintena de artículos. Algunos de ellos tienen que ver con hacer y aceptar críticas, otros con las ventajas de aparentar en el trabajo, y la mayoría resaltan el networking como la mejor forma de buscar empleo y mejorar profesionalmente (por cierto, gracias a Eba he visto este reciente decálogo sobre el asunto). En síntesis, eso de aprender habilidades sociales se reduce a incorporar nuevas formas de comportarnos cuando estamos con otras personas, tanto para caerles mejor y que nos tengan cariño y consideración, como para evitar que nos tomen el pelo y usurpen nuestros derechos. Todos los manuales de psicología que se precien incluyen un capítulo o apartado dedicado a estas conductas gregarias que, una vez detalladas, parecen realmente simples (aunque muy eficaces): que si saber escuchar y conversar, que si hacer cumplidos y mostrar aprecio, no quejarse ni criticar demasiado, solicitar favores de forma adecuada y agradecerlos… En fin, esto de las habilidades sociales tiene mucho que ver con caer bien, con incorporar comportamientos sociales adecuados en los momentos y situaciones adecuadas. No sólo importa saber qué hacer, sino también cuándo hacerlo.
Es evidente la importancia y efectos que tiene sobre los ámbitos personales y profesionales la forma en que nos relacionamos. Donde ya no hay tanto consenso, ni por parte de los profesionales ni de las personas que solicitan asesoramiento, es en establecer los límites: hasta dónde debo aprender a mejorar mi comportamiento y actitudes sociales, y hasta dónde debo seguir “siendo yo” (más conocido como hacer lo que me apetece), aunque conlleve algunas consecuencias negativas o me reste oportunidades. Numerosas citas reflejan esta polémica. Por ejemplo, Kafka recomendó “en tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo”, pero Fernando Alonso replicaría realista y altivo que “quien quiera tener un amigo en la Fórmula1 que se compre un perro.” Otras personas como la escritora Carmen Posadas asumen que somos susceptibles a los halagos y a las buenas palabras, y que así funciona el mundo. Cuando le preguntaron cómo le gustaba que la sedujeran respondió: “como a todo el mundo, diciéndome que soy maravillosa”. Pero aún siendo consciente de la importancia de esas habilidades, no es fácil estar a la altura. John Nash, el matemático de mente maravillosa lo reconocía: “pulir mis interacciones para que sean sociales me supone un gran esfuerzo.” Y la Alaska de “a quién le importa lo que yo diga, a quién le importa lo que yo haga, yo soy así nunca cambiaré”, es interpretada en los Karaokes con la fuerza de la reafirmación personal como un canto contra las convenciones sociales.
Independientemente del debate sobre la eficacia y la conveniencia de ser sociable, es imposible soslayar el trasfondo ético que tiene su aplicación en muchos contextos en los que se recomienda ser paciente, agradable, y lisonjero cuando tal vez lo que se requeriría es más fortaleza moral y responsabilidad personal para luchar contra ciertas injusticias y desigualdades cotidianas que tarde o temprano también le pringan a uno, como en el cuento de la jarra de vino. Menos técnicas y más principios nos hacen caer mal y conducen a perder oportunidades materiales y relacionales, pero no estoy tan seguro de que nos hagan vivir peor a medio plazo. Pero, ojo, que no estoy predicando para que te conviertas en el adalid frustrado y frustrante de las causas perdidas, en ese Pepito Grillo inesperado e innecesario y, por lo tanto, cargante, o en el desagradable y arisco de turno que hace de su incapacidad social virtud para castigo de los que le rodean en el trabajo y en su casa. Simplemente digo que aunque las sonrisas forzadas te pueden ayudar a subir un escalón, tal vez en el peldaño anterior estés más a gusto de lo que piensas. Desde luego, no se trata de acabar como el vecino del Sabina, el superclase de su clase (¡que pardillo!), que se pudre en el banquillo, y a sus cuarenta y cinco abriles, matarile, y a la cola del paro por no haber pasado por el aro. ¿O sí?
Posiblemente algun experto recomiende al adolescente autor de la carta a 20 minutos con la que se inicia este post que afile sus habilidades sociales para adaptarse a su entorno y divertirse con lo que hay. Pero también espero que algún otro profesional le guíe hacia “la otra” alternativa: ayudarle a reconocer y aceptar que sus amigos actuales son gilipollas (aunque sea preferible que no los tenga al tanto de este descubrimiento, no hay necesidad de que nadie sufra); aprender a disfrutar también de placeres y aficiones personales que reduzcan la dependencia social; y hacer gradualmente nuevos amigos en nuevos contextos. La cuestión es difícil de dilucidar y cada uno debe tomar sus propias decisiones en función de experiencias anteriores y del contexto actual de que se trate. Y, ojo, que yo considero que ser más sociable y más social no sólo es deseable sino que además es más divertido, y que deberían legislarse la simpatía y la empatía como obligatorias en la empresa. Pero a mi entender, independientemente de las habilidades de cada uno, la clave es aprender a diferenciar cuándo adaptarse, y cuando enfrentarse. Tener activado a todas horas el piloto automático de la “flexibilidad” no debe ser bueno para la salud mental ni para la vida profesional, aunque lo parezca. En fin, que tampoco hay que exagerar porque reírle las gracias al jefe puede ser hasta gracioso, ¿no?
Un empresario invitó a sus trabajadores a una comida de fraternidad. Cuando llegaron los postres se levantó para pronunciar un discurso. Durante el mismo contó un chiste que, al ser oído, provocó grandes carcajadas en todos los trabajadores, menos en uno. El empresario le preguntó, sorprendido por su inhabitual seriedad: – ¿Es que a usted no le ha hecho gracia?- A mí me ha hecho la misma gracia que a todos los demás, contestó el perspicaz empleado, pero es que yo me jubilo mañana.
(Por cierto, no me ha dado tiempo a repasar lo que muchos/as ya habéis escrito sobre habilidades sociales, asertividad e, incluso, “inteligencia emocional”, así que si en comentarios queréis pasaros y dejarnos enlaces a artículos vuestros relacionados, será interesante para documentar y ampliar el debate¡ :-)








todo muy bien, pero el titanic se undió con musica clasica de fondo
Hola Anónimo,
no sé si he entendido bien el sentido de tu comentario. ¿Te refieres a que lo importante no es la música sino la letra, que las formas (las habilidades sociales) no tienen mucha influencia? Ya nos cuentas ;-)
Hola Yoriento.
En el mundo en el que me desenvuelvo (Multinacional y multicultural), he tenido que “aprender” a “diagnosticar” el grado de sociabilidad que he de demostrar en:
- Una situación en concreto.
- Un país en particular.
- En un departamento específico de un país en particular.
- En reuniones con subordinados.
- En reuniones sólo con jefes
- En reuniones mixtas.
- Podría seguir, pero se haría un poco largo…
Lo que quiero decir, es que a veces no se trata de una sonrisa forzada, se trata de la complejidad de la situación, pues con los norteamericanos he de ser menos “chistoso”, con los españoles “más abierto” y con los asiáticos “muy reservado”, de forma de poder adaptarme a sus culturas ya adaptadas al entorno corporativo en el que me muevo.
Por lo que no existe una fórmula básica, sino una tabla de opciones que a manera de botones he de ir presionando para otorgar niveles de simpatía y empatía de acuerdo al momento…
No creo que por esto haya dejado de ser yo mismo, pues, como ejemplo, en todas partes tienen una impresión de mi muy parecida, pero si reconozco que si no actuara así, mi destino sería diferente. Es una cuestión de adaptación y supervivencia porque has escogido sobrevivir en ese medio, ya sea que te guste ó no.
Por otro lado, he visto que los que no soportan tanto estrés “emocional” simplemente escogen otras vías y no por eso dejan de tener oportunidades, pero he sido testigo de que tienen muchas menos de las que soportan este tipo de “adaptaciones”.
We live in a complex world budy!!…
SM
Lo de “hacer amigos” y “caer bien” o “que te inviten a las fiestas” parece fácil pero…creo que a veces el camino es aprender a base de observación y ensayo-error o tener presente que comportarte de otra forma “más aceptada” por el entorno o/y “aceptable” conlleva un esfuerzo claro. Como siempre, pienso que se trata de tomar decisiones y comprobar el coste-beneficio del cambio! En todo caso, que nadie ha dicho que sea fácil…no?
Existe un problema humano que es de hacer del propio mundo EL MUNDO
Creo que la sociabilidad tiene mucho que ver con la buena educación, más que con países, jerarquías, etc.
Al final se trata de ver cómo se comportan las personas con las que te relacionas y actuar en consecuencia; como un espejo.
No hablo de fingir ni de ser falso ni de decir lo que no pienso. Hablo de modular el mensaje y la forma para asegurar que se entiende y que no ofende.
JM
Entre reconciliarme con el mundo o reconciliarme conmigo misma, yo suelo escoger lo segundo. Aparentemente es más duro, más conflictivo, más incómodo y más doloroso, pero a largo plazo, es la única forma de gustarme y…paradójicamente, de gustar al mundo.
Dicho esto, los límites, coincido con jose miguel, “modular para hacerte entender y no ofender”.
Para José Miguel de Bolivar:
Hola: Lo que vos decís y que es muy razonable, también es un ideal.
Cuantas veces te habrá pasado, como a cualquiera, encontrarte buenos amigos y no de los buenos, por ejemplo en el barrio, o en la escuela.
Creo que es algo normal y como bien decís no tiene nada que ver las jerarquías ni los países ni todo eso.
Acá en Argentina tengo amigos y no tan amigos. Pasa en cualquier lado.
Ahora hablando de la blogosfera, el principal escollo a superar es el de los prejuicios y sobre todo cuando estamos hablando de relaciones laborales o económicas.
Saludos y le agradezco a Yoriento el espacio
Muy buena la historia del empleado y el chiste de su jefe. Como se dice “todo depende del punto de vista de sde que lo miras”, jejeje!!!
SENIOR,
gracias por tu visión intercultural, interesante¡ También lo que dices creo que tiene mucho sentido: si uno elige adaptarse menos, lo que no necesariamente significa ser desagradable sino simplemente menos social, pierde oportunidades.
Aquí precisamente es donde está el debate, hasta qué punto el desgaste emocional necesario para promocionar profesionalmente merece la pena, aceptar ciertas formas de hacer las cosas y ciertos objetivos con los que no se está en absoluto de acuerdo, bien éticamente bien técnicamente.
Estoy hablando de una especie de Principio de Peter social que podría definirse como “llegar al puesto más alto posible (por méritos sociales y profesionales) donde no sólo no es necesariamente más competente ni está necesariamente más satisfecho.
Insisto, la sociabilidad me parece un conjunto de habilidades que deberíamos aprender a usar por defecto, con piloto automático… Pero esto conlleva también inercias que nos llevan a sitios que tal vez no quisiéramos ir (aunque nos demos cuenta a toro pasado) y a transgredir principios personales y profesionales que desgastan nuestra integridad y nos hacen sufrir.
Hola Blanca,
pues sí, a veces la única o mejor forma de conocer las reglas sociales explícitas e implícitas en un determinado contexto es…observar, pero no siempre es fácil descubrirlas. Precisamente las habilidades sociales no incluyen sólo comportamientos ejecutivos sino también evaluativos¡ :-)
Y respecto a los “esfuerzos necesarios”, pues ahí está la cosa que más me preocupa y sobre la que he centrado el post: cuando adaptarse y cuándo afrontar… Creo que cada vez se habla más de lo primero y menos de lo segundo.
Hola Camilo,
esa actitud se llama ombliguismo, no? :-)
José Miguel y Odilas,
que el mensaje se entienda y no ofenda podría definir las habilidades sociales políticamente correctas, las de manual, no? :-)
El asunto que percibo es que esa sociabilidad está pasando de convertirse de un medio a un fin, parece que el objetivo sencillamente es aprender a no enfrentarse cuando es necesario, y no a utilizar esas habilidades para defender y promover principios relacionados con la igualdad, el trabajo bien hecho, contra los compañeros y jefes desestabilizadores, etc.
Habilidades sociales para mantenerse en el mundo cómo está o para cambiarlo, esa es la cuestión¡ :-)
¿No piensas que todas las personas, además de la profunda (cada vez menos) formación de contenidos que se imparte en las escuelas, deberíamos recibir también allí formación en habilidades sociales e inteligencia emocional? Máxime cuando está demostrado que la primera sola no sirve (y que incluso te pegan los otros niños si destacas).
Creo que los padres solos no tienen en general bases suficientes para ello; los actuales padres hemos aprendido de lo poco que nos contaron nuestros padres y de los batacazos que nos ha ido dando la vida. Falta un poco de sistemática.
Félix,
supongo que sí, que por definición cualquier desarrollo o mejora en habilidades debe ser positivo, no? Eso sí, habría que empezar a priorizar unas habilidades sobre otras, no todo el monte es orégano ni estamos tan necesitados (fíjate si no lo asertivos que son los adolescentes para exigir derechos), y a acotar términos.
Eso de inteligencia emocional se ha desbordado conceptualmente como cajón de-sastre, aunque tenga indudable éxito comercial.
[...] 9: NETWORKING Un empresario invitó a sus trabajadores a una comida de fraternidad. Cuando llegaron los postres [...]
[...] Este relato relacionado con el networking ya sabéis que es uno de los 10 mejores chistes de Yoriento y me sirve para introducir un tema sobre el que Pedro B. me hace una consulta: las “entrevistas de salida“, que no tienen que ver necesariamente con las de “desvinculación”, que suelen introducirse con “tengo que darle una mala noticia” y son más conocidas como despido a secas. [...]