sep 8, 2008
El desempleo traumatico y la psicologia de los desastres (313)
No se trata de banalizar ni minimizar el sufrimiento de aquellos que pasan por una situación muy negativa, sino de reflexionar sobre las cosas que hacemos y decimos respecto a ese dolor y a todos los factores que lo rodean, supuestamente con la intención de ayudar. El tema tiene mucha miga sociológica porque lo que se considera problema y lo que se considera su solución tiene que ver con el contexto social y cultural que se vive en cada época. En los tiempos que vivimos caracterizados por la sobreinformación, el mercadeo de las noticias, y el tráfico político que se hace con las víctimas, ya sean del terrorismo, de los desastres o incluso de crisis más cotidianas como el desempleo o la pobreza, cada vez es más difícil diferenciar qué parte del problema es consecuencia directa de la situación sufrida, y qué parte lo es del propio tratamiento que entre todos damos a cualquier evento negativo. Seguramente algunos familiares y algunas víctimas directas requerirán apoyo psicológico de ese tipo que realmente se pueda llamar psicológico y que tendrá que ver con la intervención sobre problemas de ansiedad o de depresión verdaderamente graves que impiden vivir y seguir adelante con una mínima normalidad. Pero la presencia y la intervención generalizada de asesores, ayudadores y expertos sin que hayan sido solicitados, es una forma de decirles a muchas personas “aunque tú no sepas que tienes un problema o creas que lo podrás superar sólo, no te preocupes, nosotros estamos aquí para recordarte que lo tienes y/o que es más grave de lo que crees.”
Hace unos días hablábamos de que utilizar la etiqueta “síndrome postvacacional” para aludir a lo mal que nos sienta volver al trabajo genera, precisamente, que ese retorno se lleve con más ansiedad y desazón. Ya veremos como a medida que avance la crisis económica que estamos pasando empezaremos a oír hablar de forma generalizada de “depresión por desempleo”, análisis que hará que las personas sin empleo describan su situación de forma patológica, que se consideren más como víctimas que como trabajadores que deben seguir luchando en un mercado injusto pero inevitable. No se trata de convertir el asunto en un debate maniqueo o populista. Por supuesto que hay personas que sufren de forma especialmente negativa determinadas situaciones, pero son ellas las que tienen que solicitar de forma específica la ayuda que requieran y no debe ser la sociedad, que incluye medios de comunicación, asesores y orientadores, y administraciones, la que se adelante creando problemas traumáticos allí donde las personas tienen que ver obstáculos y situaciones difíciles que enfrentar, pero enfrentables. La vida es dura pero no es una enfermedad. Pensar así y actuar en consecuencia nos hace precisamente menos vulnerables y menos dependientes y, como en la viñeta de El Roto, centrarnos en las soluciones de los problemas siempre será mejor que hacerlo sobre sus efectos, por muy duros que estos sean. Y es que la superación de casi todos los duelos implica la aceptación de que algunas veces las cosas nos van mal e, incluso muy mal, y no servirán de mucho racionalizaciones del tipo “por qué a mí, por qué a mí.”








Qué magnífica esa frase que has incorporado “La vida es dura pero no es una enfermedad”. Creo que engloba muy acertadamente ese punto de vista no etiquetador que venimos leyendo de forma especialmente destacada en tus últimos artículos frente a la presión del entorno que a cada paso nos pone en bandeja un surtido de síndromes a elegir.
Hola BLANCA,
siempre un placer tu presencia por aquí ;-)
Creo que a las personas nos gusta sentirnos especiales y nos gusta poder definir lo que nos pasa con pocas palabras, y esa actitud casa muy bien con el uso de etiquetas diagnósticas importadas de la psiquiatría y que ya se usan con normalidad.
Hace unos días, una persona que llevaba desempleada algún tiempo, ha tenido problemas familiares durante el verano y al pasar por la oficina en Septiembre su comentario fue:
“Joder, me ha pillado el síndrome postvacacional de lleno, refiriéndose a su divorcio.”
Y es que no es lo mismo sufrir “problemas normales” que no puede uno utilizar para quejarse adecuadamente porque los sufre casi todo el mundo en algún momento de su vida, que tener estrés postraumático, depresión estacional, trastorno de hiperactividad, o burnout, enfermedades que necesitan de muchas más atención, cariño y ayudas varias, y que nos pueden servir de excusas mucho mejor :-)
Decir que “son ellas (las víctimas) las que tienen que solicitar de forma específica la ayuda que requieran y no debe ser la sociedad” debería aplicarse a todos los servicios de emergencia: médicos, enfermeros, bomberos, etc. deberían esperar que fueran las víctimas que acudieran a ellos. Nada de ambulancias.
La intervención psicológica en emergencias es especialmente una prevención. También podría criticarse, pero entonces debería criticarse cualquier otra forma de prevención como la que pueden dar los médicos sobre cómo “fumar mata”.
En otros países se reconoce este trabajo sin problemas, no solamente dirigido a víctimas, si no también a los otros equipos de emergencia. Pero en España…
Creo que los psicólogos estamos en el punto de mira de muchos otros profesionales de la salud, dado que no recetamos y no tenemos el respaldo de una multinacional farmacéutica. Y en boca también de años de ignorancia de la población en general sobre el papel del psicólogo, gracias a una precaria formación en la mayoría de las universidades españolas.
Hola PEDRO,
gracias por tu intervención¡ Como bien dices estoy plenamente de acuerdo en entender la acción psicológica en emergencias desde el punto de vista de la prevención, pero en la conceptualización y aplicación concreta de esta prevención sí que puede haber muchos matices, no crees?
Además estaremos de acuerdo en que psicologías, para bien y sobre todo para mal, hay muchas y que, por tanto, lo que para algunos profesionales puede ser una intervención muy especializada para otros pueden ser simples acciones informativas y de atención.
La existencia de un problema más o menos grave se mide por diferentes indicadores, unos más objetivos, como las lesiones, heridas y otras dolencias que afectan a la vida humana, por ejemplo; y otros más subjetivos basados sobre todo en las declaraciones de las propias personas que sufren esos problemas, y de las declaraciones de sus familiares y personas cercanas.
Cuando hablamos de problemas psicológicos esos indicadores subjetivos son fundamentales. ¿Cómo sabríamos que una persona está en desempleo y esto implica una situación realmente complicada si no es la propia persona afectada u otras que conocen el caso quienes lo declaran?
En en este contexto en el que se enmarca la frase “son las víctimas las que tienen que solicitar la ayuda”, con todos los matices que queramos, por supuesto.
Claro que hay situaciones en las que hay que actuar “de oficio” bien interviniendo bien previniendo, pero ¿no te parece que en este caso la gran alarma social y mediática creada, incluida la sobreintervención de profesionales, hace que las víctimas perciban la situación de forma más dramática y angustiosa? Y lo dicho, esta “problematización” no sólo ocurre en el ámbito de los grandes desastres y accidentes sino que se está extendiendo a muchos contextos sociales.
Cuando previenes o alarmas a alguien con demasiada intensidad sobre lo que ha pasado o lo que pasará, ¿no se está creando otro problema muy diferente al original?
En fin Pedro, interesante debate éste y vuelvo a agradecerte que lo traigas. Siempre será bueno que los profesionales, en este caso de la psicología, sigamos afinando criterios, no? :-)
Hola.
Caramba Alfonso, ha sido comentar la próxima aparición de la depresión por desempleo y al día siguiente aparece este artículo en el país.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/precariedad/laboral/nefasta/salud/elpepisoc/20080909elpepisoc_1/Tes
Hola PEPE,
bueno, al igual que el sindrome postvacacional aparece siempre tras las vacaciones, la etiqueta “depresión por desempleo” requiere para su utilización que aparezca el desempleo :-)
Citando el artículo que mencionas (gracias por la referencia) tal vez veamos más claro los terribles efectos psicológicos del asunto:
“El desempleo y la precariedad no afectan por igual a todas las personas, pero puede provocar desestabilización emocional, la pérdida de confianza en uno mismo, la aparición de sentimientos de inferioridad o de pesimismo cuando la situación se prolonga, y en los casos más extremos, mayor riesgo de sufrir trastornos depresivos.”
Vamos, que el desempleo y tener contratos precarios nos putea mucho, y si estamos parados durante muchos años, nos deja la pareja, y el banco nos echa de casa, que es un caso extremo, es más probable que nos deprimamos.
Ahora bien, el titular es mucho más contundente y patologizador: “La precariedad laboral es nefasta para la salud”.