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Hacer lo que se tiene que hacer. Hace un año en Yoriento (304)

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En un oasis escondido entre lejanos paisajes del desierto se encontraba el viejo Elihau de rodillas junto a unas palmeras datileras. Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis para que sus camellos abrevaran y vio a Eliahu sudando mientras parecía escarbar en la arena. -¿Qué tal, anciano? La paz sea contigo. -Y contigo, contestó Elialiu sin dejar su tarea. -¿Qué haces aquí, con este calor y esa pala en las manos? -Estoy sembrando. -¿Qué siembras aquí, Eliahu? -Dátiles, respondió Eliahu mientras señalaba el palmar a su alrededor. -¡Dátiles!, repitió el recién llegado. Y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez del mundo con comprensión (…)

Justo hace un año este cuento que he introducido me servía para apoyar una idea que me parece importante: cuando las cosas se sienten mal, no necesariamente van mal; es sólo que, de vez en cuando, la vida es dura y, en el mejor de los casos, difícil. Una vez aceptado esto, el mejor camino es hacer lo que uno tiene que hacer, y luego ya veremos, como el plantador de dátiles. Sólo hace unos días que mencionaba que las olimpiadas cotidianas consisten en obtener las medallas de planificar, hacer y aceptar, los tres elementos más importantes del mejor método para merendarse el día a día (y no al contrario). Aquel artículo-con-cuento publicado hace 365 días no recibió ningún comentario ni opinión vuestra, así que no me he resistido a volver a abrir el debate: ¿por qué nos resulta tan difícil dedicarnos a “plantar dátiles” sin más, a intentar perseguir nuestros objetivos el tiempo suficiente sin dejarnos interferir?

Categorías: Historias, Management, Objetivos-Planificacion

4 comentarios

  1. optimainfinito.com dice:

    La pregunta es muy buena y responderla, al menos en mi opinión, es difícil.

    Por un lado vivimos en una cultura de lo inmediato. Eso de invertir esfuerzo a largo plazo no está de moda.

    Por otro lado el ritmo de vida es vertiginoso y no tengo claro que todo el mundo sepa realmente qué dátiles querría plantar o siquiera si querría plantar alguno.

    No sé. Como te digo es difícil. A mí siempre me ha gustado plantar dátiles (figuradamente, se entiende) y ello me ha valido no pocas críticas pero también me ha dado muchas alegrías inesperadas.

    Creo que tiene mucho que ver con lo que comenta Trías de Bes en “La Buena Suerte”.

    JM

  2. Cratipo dice:

    En mi modesta opinión creo que la consecución inminente de los dátiles, tiene que ver con la impaciencia.

    Observando un poco a la gente, creo que es uno de los principales problemas que se dan en esta sociedad. Uno, quiere obtener el fin sin planificar, ejecutar y controlar el desarrollo de las cosas. El éxito no debe ser la meta (ya sé que puede sonar a muy idílico e irreal) pero es la mejor manera de conseguirlo.

    Llegaremos a comer dátiles si llevamos a cabo el proceso adecuado para que éstos crezcan y maduren. Si después, por lo que sea, no se consiguen no será responsabilidad nuestra. El trabajo ya estaba hecho. Aprendamos a domar a “la impaciencia” que nos ronda todos los días. No es fácil y a mi cada día me tumba un par de veces.

  3. Yoriento dice:

    Hola JM,

    la metáfora datilera habla de la necesaria confianza que debe poner uno para alcanzar objetivos, tanto por la temporalidad incierta como por las especiales dificultades que su consecución puede implicar.

    Pero no confianza entendida como optimismo ingenuo o fe sin evaluación continua de lo que está pasando, sino como una actitud de paciencia y de superación de las tentaciones continuas de cambiar de caballo a medio río.

    Y como tú bien dices, cuando uno se dedica a retos cuya posible resolución no se vislumbra en el horizonte estará a veces sometido a la crítica y a la incomprensión…

  4. Yoriento dice:

    Es verdad, CRATIPO, aquí estamos hablando sobre todo de autocontrol, de paciencia, de lucha contra la procrastinación (palabro muy usado que sólo significa tendencia a diferir o aplazar).

    A veces ni siquiera se trata de que los objetivos en que nos empeñamos sean difíciles, es que simplemente todo lleva su tiempo.

    Por ejemplo, finalizar estudios seguramente no implique demasiada dificultad para muchos estudiantes, pero requiere unos años.

    Y mejorar las condiciones laborales o la forma en que mejoramos nuestra satisfacción laboral en algunos casos será muy complicado pero en otros requerirá de una actitud paciente de consecución de pequeños avances o logros.

    Y en el día a día, el control de la impaciencia o autocontrol (como se dice en psicología de la buena) tiene también mucho que ver con aceptar que a veces las cosas no salen como uno quiere o tardan más de lo previsto, y que hay días mejores que otros… :-)

    La planificación te permite llegar al futuro pero sin la aceptación no somos capaces de manejar el presente. ;-)

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aag-ebe08-personal-recortadaAlfonso Alcántara es coach y consultor en empleo 2.0, desarrollo profesional, redes sociales y productividad

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