Jul 28, 2008
Un buen año para cambiar, o no (274)
En “Un buen año” un ejecutivo existoso, agresivo, de una ética profesional cuestionable, que no toma nunca vacaciones y que encima es promiscuo, se ve obligado “de oficio” a cambiar de vida durante unos días. El escenario pasa de ser el London de los negocios a la Provenza de los viñedos. La mejor manera de cambiar, de forma planificada o no, es empezar a hacer algo diferente de lo que veníamos haciendo, dejarse embargar por nuevos intereses, por nuevas experiencias y relaciones. Eso sí, lo difícil es contar con el impulso de un motivo inicial. Una obligación inesperada, un despido laboral o un fracaso son regalos que nos hacen modificar el rumbo, algunas veces el tiempo necesario para cambiar de forma suficiente la escala de valores, y otras para descubrir que lo que nos gusta también se puede obtener en otros contextos, con otros estilos y sin tantos efectos secundarios.
Por supuesto, la peli es romántica, existencialista y muy agradable, con atardeceres, recuerdos y amores de siempre. Ya sabéis que el cambio por el cambio simplemente puede conllevar más de lo mismo, o lo mismo pero peor. En todo caso, aunque un cambio radical como el que parece se produce en la peli es harto improbable, también hay que recordar que los placeres campestres, gastronómicos y relacionales que se encuentra nuestro amigo yuppy (uy, que palabro más demodé) no son moco de pavo. Así cualquiera. Sea como fuere, me quedo con el diálogo final con su amigo y abogado que deja las puertas abiertas:
-“Max, ¿sabes que eso no durará, verdad? Las cosas que ahora te parecen únicas y atractivas, pronto serán el pavor de tu vida cotidiana. Y después de unos meses de comer, beber, dormir y hacer el amor, ¿qué futuro te espera?”.
-“Ya veremos, Charlie, ya veremos”.
En fin, cualquier año puede ser bueno para cambiar, pero cualquier año también puede ser muy bueno sin necesidad de cambios importantes.








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