Cuento sobre la responsabilidad y el cambio (189)


Existió una vez un rey de El País del Vino. El rey quería ser recordado como un monarca justo y generoso así que un día decidió abolir los impuestos. A cambio pediría a sus súbditos que una vez al año se acercaran a los jardines de palacio con una jarra de un litro del mejor vino de su cosecha y lo vaciaran en un gran tonel. Cuando llegó el momento, todos los ciudadanos se acercaron a la residencia del monarca a depositar la parte que les correspondía.
Al final del día el rey mandó a buscar una muestra del vino recogido. En su copa la bebida parecía no tener color ni olor. Tampoco sabor cuando la probó. Los alquimistas no dieron con el conjuro que había transformado el vino en agua, pero el más anciano de los ministros del gobierno se acercó y le dijo al oído:
-Nada de conjuro, majestad. Lo que ocurre, alteza, es que vuestros súbditos son humanos.
-No entiendo”, dijo el rey.
-Pensemos en un súbdito cualquiera- continuó el ministro-. Esta mañana cuando preparaba a la familia para bajar al pueblo se le paso una idea por la cabeza: ¿y si ponían agua en vez de vino? ¿Quién podría notar la diferencia? De hecho nadie hubiera notado una jarra de agua en 15.000 litros de vino. Salvo por un detalle: todos pensaron lo mismo.
Julen se acordó de mí el domingo cuando le pidieron que nombrara algunos blogs solidarios y Víctor me ha mencionado hoy cariñosamente que no escribo nada desde el pasado viernes. Dados los ánimos no me ha quedado más remedio que retomar con alegría mi labor bloguera y casi al azar he seleccionado esta historia de entre las que tengo pendientes en la Yorientoteca. Releyéndola veo que la narración tiene mucha miga y así a bote pronto se me ocurre que tiene que ver con aspectos como la educación, la solidaridad, la motivación y la avaricia, pero también con la política, el buen gobierno y la responsabilidad.

Como también se puso de manifiesto en el artículo sobre jefes y empleados y en sus comentarios, el debate maniqueo está servido: ¿son los ciudadanos los culpables de su insolidaridad y escaqueo, o lo es el administrador o regente incapaz de crear las condiciones para que las personas se comporten como deben? La salida políticamente correcta de esta dualidad parece estar clara: concluimos que ambos son responsables de la situación y nos quedamos tan panchos.

En fin. La discusión retórica es sin duda un sano ejercicio intelectual, pero centrarnos de una forma “experimental” en las variables responsables de la situación puede ser mucho más fructífero: ¿qué propondrías hacer para que la gente quiera pagar impuestos, quiera poner su parte, se sienta y actúe de forma más solidaria? Sólo poniendo en práctica estas sugerencias podríamos saber hasta qué punto tienes razón. Me da la impresión de que casi todas las medidas-posibles-para-un-mundo-mejor no tienen que ver con intentar cambiar directamente a las personas, sino con cambiar el sistema y la forma en que este reconoce y recompensa unos valores y comportamientos por encima de otros: ¿de qué otra forma si no?

Artículos relacionados
Ver todas las historias en Yoriento


Comentarios

  1. Senior Manager says

    Buenas preguntas…Paso directo a responder la primera: Por su puesto que son los ciudadanos los culpables de su propia insolidaridad y escaqueo. El sistema está allí para que funcione perfectamente, pero con la excusa de que somos humanos y tal…solemos hacer lo que nos da la gana en el mismo momento en que nadie nos ve o peor aún cuando si nos ven (aclaro que me estoy incluyendo). Es tan fácil ser buenos ciudadanos y hacer las cosas con SENTIDO COMÚN, pero no… Insistimos en hacer las cosas pensando sólo en nosotros, luego en nosotros y si queda espacio y tiempo pues también en nosotros… ¿donde quedan los demás? ¿Acaso no vivimos todos juntos? Que les costaba a los ciudadanos dar una jarra de vino luego de tan noble acto del rey de abolir los impuestos. ¿Por qué lo queremos todo para nosotros solos? ¿Por qué tanto egoísmo cuando dependemos tanto los unos de los otros?…Sobretodo tienen la culpa los ciudadanos pues adicionalmente son ellos los que escogieron al administrador o regente…
    Respondo ahora la segunda pregunta:
    Lo que yo propondría para que la gente quiera pagar impuestos (por propia convicción) y quiera poner de su parte y se sienta y actúe de forma más solidaria…Sería mostrándoles cómo se han utilizado esos impuestos y en que los han beneficiado comúnmente. Pero no con la típica película gubernamental de precampaña electoral, sino privándoles durante breves períodos de todo lo bueno que dan por sentado y de lo que creen “viene del cielo”, para que sientan en carne propia, el valor (tangible) y la importancia de colaborar (todos) por el bien común y con sentido de responsabilidad común. Creo que es la única forma del que el ciudadano se de cuenta de todo lo que hace el estado (central y provincial) con sus impuestos. Tal vez si les falta lo que dan por sentado día a día, entonces puedan reconocer el valor que realmente tiene…quizás hasta se de el caso de que quieran dar más…Por algo dicen por allí…”Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”

    No es fácil tomar medidas-posibles-para-un-mundo-mejor pues como seres humanos pensamos de forma individual y actuamos de forma colectiva, sin darnos cuenta que en el mundo estamos todos. No creo que se pueda cambiar a las personas, pero si se puede crear conciencia luego de un aprendizaje, aunque haya que hacerles aprender de formas poco ortodoxas…Como dije arriba los humanos solo aprenden con el método de Paulov. Siento ser tan radical pero la sociedad actual no me deja otra salida de criterio y sólo me permite el escape de poner mucha pasión en mis opiniones.
    Seguiré de cerca el resto de comments…

  2. Ari says

    Creo que para que la gente quiera pagar sus impuestos antes debería saber para que sirven dichos impuestos y por supuesto, ver los resultados. Pero viendo que se hacen campañas electorales donde se prometen bajadas importantes de impuestos me temo que no interesa el tema. Quizá más vale tener al personal ocupado en otros temas como por ejemplo como llegar a fin de mes, tema que parece arreglarse con la dicha bajada de impuestos. Lo que la gente debería saber es que esto solo beneficia a los que ya tienen dinero, pues estos son los que se podrán pagar los servicios que el Estado no podrá pagar a todos sus ciudadanos porque no hay recursos financieros suficientes. Esto es como el pez que se muerde la cola.

    ¿Qué hacer para que la gente ponga de su parte y que sean más solidarios? Bueno, enseñarles des de pequeños que la competitividad es mala, que no desaparece el hambre del mundo porque una vez al año hagas un donativo, que todos somos iguales, que todos merecemos y vamos a tener las mismas oportunidades. Pero claro, volvemos a lo mismo: como enseñar eso cuando en la tele aparecen anuncios como œpersonaliza tu móvil  “viva imagen de la individualización- o de esos que te enseñan que un buen coche de va a dar un status superior. Si creces con esas cosas al final las adoptas sin darte cuenta y luego es muy difícil cambiar esos valores. Y por ejemplo en el mundo de las empresas: no pretendas, si estás dando incentivos de productividad, que las personas actúen en bien de todos, lo que van a hacer es pisotearse para conseguir ese incentivo. Las empresas que hacen eso, no entiendo como luego pretenden fomentar la colaboración, creo que este no es el modo más adecuado. Lo que no se puede hacer es inculcar algo y luego hacer ver fomentas todo lo contrario.

    Saludos!!

  3. eKaizen says

    Buena, al hilo del primer comentario (que no veo de quien es) quería comentar una iniciativa de la que he escuchado algo.
    Se trata de que en algunos sevicios sobre todo de urgencias de ciertos hospitales, al acabar de atenderte te pasan una “factura ficticia” para que vayamos tomando conciencia de lo que tenemos, gracias a la colectividad.
    Servicios que de no ser por los impuestos que todos pagamos en masa, muchos no podríamos tener.
    Me parece una iniciativa digna de mención ,porque todos necesitamos un poco de educación, sobre todo para pensar un poco más en el pójimo.
    Hace tiempo dediqué un post a estos temas pero en relación con la educación, os dejo el link por si quereis pasaros. Saludos.
    http://pensandoenkaizen.blogspot.com/2007/07/radio-intereconoma-y-la-enseanza.html

  4. Blanca says

    Otro cuento…de la vida diaria. Escuché ayer que en Madrid se reparten a diario unas 5 o 6 cabeceras de prensa gratuita y el metro y los trenes de cercanías acaban el día “inundados” de papel en asientos y suelos. La propuesta de cambio, para mantener cierta limpieza, ha sido ubicar unos stands donde se invita a las personas a “Donar” su periódico. Y… al final del día los stands están llenos! Sin criticar directamente a todo el que tira o tiraba al suelo esos papeles…quizá la gente vaya cambiando.
    Y por otra parte…con la mala fama y lo “feo” que sigue siendo recaudar impuestos quizá se podría mostrar a la población, de forma inteligible, la información de lo recaudado, los servicios que disfrutamos fruto de esos impuestos y el coste de cada uno de esos servicios…a ver qué nos parecía.

  5. yoriento says

    Hola Senior, Ari, Ekaizen y Blanca,
    gracias por vuestros comentarios tan concretos, seguro que el debate seguirá dando de sí ¡ :-)

    Justamente quiero ir en esa linea que marcáis vosotros. Siempre estamos hablando de grandes medidas pero son las pequeñas, las que tienen que ver con la psicología aplicada y el día a día, las que realmente producen el cambio.

    Habéis mencionado algunos como la puesta en valor y tangibilización de los servicios públicos, o la creación de espacios, condiciones y situaciones concretas que invitan y motivan a las personas a mostrar conductas cívicas como las de depositar en stands los periodicos una vez leídos o las pilas en los contenedores adecuados.

    Para mí el problema es concentrar los esfuerzos en mostrar lo que NO hay que hacer y en el castigo de las conductas inadecuadas, en vez de focalizar en lo que hay que hacer (y en el cómo y el dónde) y en el reconocimiento y refuerzo de esos comportamientos apropiados.

    Castigamos a los malos conductores con “multas antivelocidad”, pero ¿qué efecto tendría sobre los ciudadanos enviarles cartas cuando el radar los ha fotografiado conduciendo a la velocidad adecuada para agradecerles su buena actitud e incluso reconocerla o premiarla de alguna forma tangible y concreta?
    Este ejemplo puede generalizarse a cualquier ámbito ciudadano, por supuesto.

    La buena psicología más allá de las medidas coercitivas (como mostraba la historia de una mentira) aún no se aplica en la vida cotidiana. Pequeños cambios centrados en el “reforzamiento positivo” tendrían grandes efectos sobre las personas sin necesidad de irnos a los grandes escenarios y medidas políticas o sociales, como también demostráis con vuestros finos ejemplos ¡ :-) Seguimos…

  6. raizen says

    Acá en Venezuela, transmiten por las emisoras de radio unos segmentos que se llaman “Que fácil es ser un buen ciudadano” en los que dan diversas recomendaciones para la sana convivencia. Quizás aún falte mucho para que se vean los efectos, pero por algo se empieza ¿no?
    Creo que en la historia lo que faltó fué la honestidad de los ciudadanos, igual que en la vida real :[
    Un abrazo para tí

  7. Nana says

    ¿Corresponsabilidad, quizás? Es buena idea lo de las facturas informativas y medidas afines, pero ¿no es una cuestión cultural? Como decía Antonio Machado: œes de necios confundir valor y precio . Puede ser que, sin saberlo, vivamos en un país de necios.

  8. yoriento says

    Hola Raizen,
    la honestidad, un tipo de conductas que últimamente no está muy valorada o reconocida, no?

    Hola Nana,
    bueno, hasta el concepto necio es polisémico y subjetivo. ¿Es necio el honesto que paga sus impuestos religiosamente, o lo es el que defrauda? La cultura actual y los valores imperantes no lo dejan muy claro, no? :-)

  9. Valentín Alcántara says

    El asunto es que la costumbre pesa mucho más que la razón -e inhibe a ésta-. En una sociedad donde la astucia (endendida ésta como abuso, malicia, truculencia, etc.) es premiada por la sociedad misma por encima de la rectitud, donde hacer trampa no sólo no es motivo de vergüenza, sino de orgullo, no es de esperarse que cambie el individuo por sí mismo hasta que se pueda llegar a la masa crítica. Eso es ilusorio. Lo que se necesita es algún gobernante “despistado” que, no teniendo otra ambición que cumplir seriamente con su responsabilidad, establezca una norma en la que se sancione severamente cualquier falta. Empezando por la conducta pública (normas de tránsito -para conductores y transeúntes-). Por favor imaginen este escenario: 1. “Cualquier infracción en la vía pública tiene un costo de 5oo dólares” 2. “cualquier agente (policía, guardia, etc.) que incumpla su tarea de vigilar será sancionado con la misma cantidad” 3. “cualquier agente o civil que solicite u ofrezca soborno será sancionado con el doble de esa multa y pagará con una semana de trabajo social obligatorio” 4. “el agente reincidente cumplirá cárcel por cinco años, pagará la misma multa y será inhabilitado para volver a trabajar en el servicio público”, 5. “el civil reincidente cumplirá cárcel de cinco años y pagará el triple de esa multa”. Con estas normas mínimas ¿Se imagina quién en su sano juicio tiraría un papel en la calle o quién se pasaría una luz de alto? ¿se imagina de cuánto sería la “mordida”? ¡La “mordida” sSería tan cara como la misma multa!, pero eso no es lo importante. Lo verdaderamente importante es que, pasado un tiempo -uno o dos años- cumpliéndose esta norma estrictamente la conducta cuidadosa del ciudadano pasará a ser un hábito y serán los mismos vecinos quienes se empiecen a “indignar” cuando alguien comete una infracción, porque entonces ( ¡y hasta entonces!) la sociedad se dará cuenta del daño que causan a la comunidad y al país entero nuestras negligencias y arbitrariedades individuales. Primero tenemos que mostrar a la masa los resultados (positivos) de obedecer la ley y después podemos exigirle. El problema -muy grave- es que la mayoría de los gobiernos (especialmente el mexicano) ha mostrado reiteradamente que cumplir la ley sólo ha servido para enriquecer ilícitamente a los que deben vigilar que la ley se cumpla. El abuso, la astucia, la avaricia, la codicia, y muchos calificativos más, son los móviles más notorios para que una persona busque la vía de la política como medio de vida. Muy desafortunadamente.

    • says

      Valentín,

      Estoy muy cercano a tu planteamiento. Los castigos no tienen que ser “proporcionales” a las faltas, sino tan intensos como sea necesario para que desincentiven las conductas sobre las que inciden.

      Esto ocurre en España actualmente: la reducción de la velocidad y de los accidentes ha ido paralela al incremento de las sanciones y de los controles.

Trackbacks

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>