Oct 9, 2007
Perspectivas y quejas: Historia de Pío Baroja y el labriego (148)
En mi deambular por los alrededores del pueblo, tropecé una tarde con un labriego que cavaba la tierra. Le pregunté:
-¿Qué se hace, amigo?
-Pues aquí estoy, don Pío, trabajando y trabajando como un perro para ganar cuatro cuartos… No tengo la suerte suya, que, como es un señorito, por contar mentiras en los ‘papeles’ le dan buenos cientos de duros.
Me despedí del campesino sin tratar de rectificarle, y, pensándolo bien, pensé: Quizás este hombre tenga alguna razón, que esto de escribir novelas, cuentos, artículos, no sea trabajo. Que el único trabajo verdadero sea el material. Y me decidí a cultivar personalmente un cuadro de la huerta.
Una mañana que llevaba yo cuatro horas cavando y que sudaba como un fogonero de un barco al pasar el mar rojo me encontré frente a mí, al levantar la cabeza, al campesino que me había hecho hortelano, quien me miró irónicamente y me saludó con estas palabras:
-¿Qué hay, don Pío? Ya le veo entreteniéndose en la huerta, pasando el rato.
A mi naturalmente me dieron ganas de asesinarle. Cuando él cavaba era trabajo; cuando lo hacía yo, pasatiempo. (Bagatelas de otoño).
Visto en Café de Ocata
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[...] No hace falta que te plantees cambios radicales cada mes porque si aprendes a disfrutar de las buenas y de las malas noticias la realidad se parecerá a un chiste y siempre tendrás la perspectiva adecuada y no la del labriego quejoso de Pío Baroja. [...]