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La edad ataca de nuevo: historia de la mujer de 50 años (151)

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Hace poco transmitimos al mundo una técnica infalible para luchar contra el negativismo y las quejas basadas en la edad. Hoy, Rociíto me ha enviado otro chiste-relato (como hizo en Junio) que, por un lado, insiste en mostrar con crudeza y algo de mal gusto los perjuicios que conlleva estar demasiado pendiente de los años y, por el otro, que nunca se es demasiado mayor ni demasiado inteligente.
LA EDAD Y LA SABIDURÍA. Al llegar a sus 50 años, una mujer decide rejuvenecerse con una operación de cirugía plástica en la cara. Gasta €15.000 pero se siente excelente consigo misma al ver los resultados. Al emprender el regreso a casa se detiene en un puesto de venta de periódicos para comprar una revista. Antes de marcharse le dice al vendedor: “Espero que no se moleste si le pregunto algo, ¿cuántos años cree que tengo?” “Alrededor de 32″, responde el hombre. “¡No! Exactamente tengo 50″, contesta muy feliz la mujer. Poco después entra en un McDonald’s y le hace la misma pregunta a la cajera (…)


“Yo diría que alrededor de 29″, responde la empleada. La mujer le responde con una amplia sonrisa: “No, no, tengo 50.” Empieza a sentirse tremendamente segura de sí misma. Se detiene en una farmacia, pide unos caramelos de menta y hace la misma pregunta al dependiente: “Oh, yo te calcularía 30.” Orgullosamente, ella le replica “¡tengo 50, pero muchas gracias!”

Ya en la parada del bus que la llevará a su casa, le hace la misma pregunta a un viejito de aspecto inofensivo que también está esperando: “Señorita, yo ya tengo 78 años y mi visión es muy pobre. Sin embargo, cuando yo era joven tenía un método infalible para averiguar la edad de una mujer. Tal vez le parezca muy atrevido, pero se necesita que usted me deje colocar mis manos dentro de su sujetador. Sólo de esa manera y de ninguna otra, podré decirle exactamente cuántos años tiene usted”. Siguen esperando en la parada un rato en silencio hasta que ella no puede más: “¡Qué diablos! ¡A ver, aplique su método!”.

El anciano coloca sus manos bajo la blusa de ella y empieza a palpar muy despacio y suavemente. Después de unos cinco minutos de “evaluación” la mujer le dice al viejo: “Ya está bien. Dígame, ¿cuántos años tengo?” Él da un ultimo apretón a los pechos, saca las manos y dice: “Señorita, usted tiene 50 años”. Muy sorprendida la mujer exclama: “Realmente es increíble, ¿cómo hizo para saberlo?” “¿Me promete que no se enojará?”, le responde el anciano. “Se lo prometo”, dice ella. “Verá usted, es que yo estaba detrás de usted en la cola en McDonald’s.”

FUENTES: la versión de Rociíto, y tres más.

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Categorías: Chistes, Historias, Humor

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aag-ebe08-personal-recortadaAlfonso Alcántara es coach y consultor en empleo 2.0, desarrollo profesional, redes sociales y productividad

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