Oct 2, 2007
Edad, humor, emprendedores y empleo: 4 pildorazos y 1 tecnica infalible (140)
Groucho Marx declaró “debo confesar que nací a una edad muy temprana”. Los padres nos animan desde pequeños a decirle a todo el mundo los añitos que tenemos, a conversar y a ser ocurrentes con el asunto, como pudimos comprobar en las 26 frases de los niños como profesionales de la orientación. Eso sí, salvo el amigo Groucho y los menores de 10 años (o menos), el resto de los seres humanos nos solemos tomar muy en serio el tiempo que llevamos dando tumbos por la vida. La edad es un indicador optimista para los que se vanaglorian de lo vivido, una cuenta atrás para los que ven el vaso medio vacío, y un tema estrella de las quejas, justificaciones y excusas que nos ponemos a nosotros mismos y a los demás. Demos un repaso al asunto con estas 4 reflexiones radicales sobre la edad y su supuesta influencia sobre el empleo, el emprendimiento, el éxito y la vida en general. Remataremos con una técnica “imprescindible” en orientación profesional para ayudar a dejar de hablar tanto de los años que tenemos y centrarnos en vivirlos mejor.
1. LA EDAD COMO EXCUSA
Nunca se es demasiado joven o demasiado viejo, excepto para justificarse
¿Quién se ha llevado mi queso?, como sabéis, es una historia- metáfora sobre el cambio y las dificultades para salir de la pasividad, modificar nuestros hábitos y tomar la iniciativa ante los problemas. Haw y Hem son dos ratones que, acostumbrados a vivir de la sopa boba, entran en pánico cuando descubren que allí donde siempre habían encontrado queso ya no lo habrá nunca más. Tras infructuosos días esperando que las cosas volvieran a estar como estaban por sí solas (porque siempre habían estado así) y que el queso apareciera como por arte de magia, empezaron a darle vueltas al asunto. Tras mucha reflexión baldía, al fin Haw sugirió: “Quizás lo que debamos hacer sea dejar de analizar tanto las cosas y ponernos a buscar algo de queso nuevo”. Hem le replicó: “Empiezo a sentirme demasiado viejo para eso. Y creo que no me interesa la perspectiva de perderme y hacer el ridículo”.
Resulta curioso comprobar cómo se puede ser demasiado joven o demasiado mayor, dependiendo de la perspectiva, para afrontar un mismo problema, tomar similares decisiones o emprender parecidas actividades, sobre todo cuando éstas requieren esfuerzo y planificación. Así, solemos escuchar a estudiantes de entre 16 y 25 años (o más) decir que “aún son demasido jóvenes” para ponerse a trabajar, y a personas de más de 40 años que “ya son demasiado mayores” para replantearse la vida profesional, para aprender una nueva ocupación o para, sencillamente, encontrar empleo o montar su propia empresa. La sobreprotección familiar de la que gozan los jóvenes y la cultura del subsidio imperante tal vez tengan que ver con este uso interesado de la edad. Rosa Regás, que publicó su primera novela con 56 años, afirmó “excepto si se quiere ser bailarina a los 60 años, todas las demás cosas se pueden hacer”. Así que ya sabes, “el que quiere hacer algo encuentra siempre los medios, el que no quiere hacer nada, siempre encuentra excusas.”
2. LA EDAD COMO CRECIMIENTO
Aprender requiere tiempo pero nunca hay suficiente
Generalmente se asume que cada edad tiene sus ventajas y defectos: la juventud tiende a identificarse con la motivación y la frescura, pero también con la inexperiencia y los errores; las epocas adultas suelen representar el equilibrio y la perspectiva, pero asimismo reflejan el sufrimiento existencial de no haber hecho lo que se pretendía y de no saber disfrutar de lo que se tiene. La práctica puede ser un elemento de aprendizaje y perfeccionamiento, pero también es posible dedicarse 10 años a la misma cosa y ser un experto en hacerla mal. Una cosa es tener experiencias, y otra cosa sumar años de experiencia. Lo primero te hace crecer. Lo segundo permite que el salario crezca cada trienio (en el mejor de los casos). Cuanto más tiempo pasemos “entrenando”, más probable es que sepamos fluir con la corriente.
De cualquier forma, estos debates son cansinos, retóricos y fuentes de excusas y obsesiones varias. Lo realmente relevante no es lo que hiciste ni lo que te queda por hacer, sino lo que quieres hacer y lo que vas a hacer hoy. José Saramago dijo en una entrevista “he sido muy afortunado; si hubiera muerto a los 60 años no hubiera sido escritor”. Cualquier momento puede ser un buen momento para empezar o para no empezar nunca.
3. LA EDAD Y EL EMPLEO.
¿No encuentras trabajo debido al año en que naciste o por lo que no estás haciendo hoy?
Hay cierta afición a establecer relaciones entre el periodo sociohistórico en el que uno ha nacido y está viviendo, y su actitud ante la propia vida y, por ejemplo, hacia el empleo. Así, los hijos de la llamada Generación X, que tienen ahora entre 25 y 43 años, somos calificados como escépticos, equilibrados, con desinterés por la autoridad, con liderazgo por competencia y espíritu de anticompromiso. La Generación Y (18-24 años), como generación esperanzada, decidida, cortés con la autoridad, con liderazgo por colectivismo y espíritu de inclusión.
En fin, más allá de semejante conocimiento socioastrológico y de este tipo de etiquetas que tanto nos gustan, las conexiones entre la edad, el empleo y el desempleo, son frecuentemente establecidas para convertirse en fuente inagotable de quejas del personal. Gonzalo decía en una carta al director de El País, republicada en Yoriento:
“Tengo 45 años y me encuentro en el paro. Después de una vida laboral de trabajador y la obtención de una licenciatura de Historia mientras trabajaba, me encuentro mandando currículos y omitiendo la licenciatura para trabajos cuya mención es veneno. He trabajado como trabajador del campo, agente de viajes, agente inmobiliario, jardinero y monitor de un taller de empleo. He realizado trabajos de investigación histórica (en el pasado congreso de la Guerra Civil presenté una ponencia), he escrito para revistas y publicaciones. Pero tengo 45 años y ningún “padrino” cercano.”
La situación de Gonzalo, como la de muchas personas en situación de desempleo y de exclusión sociolaboral, independientemente de sus edades, puede o pudo ser difícil, desesperada o incluso trágica, seguramente nunca lo sabremos. Como tampoco podremos indagar y conocer las razones que le llevaron allí. Lo que sí podemos afirmar es que no fue la edad la responsable de sus problemas: ¿acaso no hay personas de 45 años que sí tienen empleo y algunas de ellas, incluso un empleo satisfactorio? Podríamos hipotetizar que tal vez su errática carrera profesional y su falta de especialización no ayudaron mucho a conseguir una mínima estabilidad laboral. Tampoco parece que en su caso la obtención de una titulación universitaria en Humanidades fuese un medio razonable para mejorar la ocupabilidad, más bien todo lo contrario, su decisión es un ejemplo muy didáctico sobre cómo elegir mal los estudios.
Está claro que el mercado de trabajo obstaculiza la contratación de personas de ciertas edades, excluye a colectivos desfavorecidos por la educación y las condiciones sociales, y dificulta el acceso a empleos dignos a los/as jóvenes, y a puestos directivos a las mujeres. Seguramente el mercado de trabajo y la vida no son justos. Y aunque los 45 tacos de Gonzalo no le facilitan las cosas, no son la razón de su desempleo. En todo caso, un obstáculo más. Otra cosa es que intentar convencerle de eso sea imposible además de inútil. Pero aunque vayamos perdiendo, lo importante es seguir jugando.
4. EDAD, EMPRENDEDORES Y ÉXITO
El éxito es más probable a partir de los 40, pero no son los años los que generan el éxito
Los métodos para hacerse rico, relacionados con la autoayuda, los negocios o el emprendimiento, explican que uno puede conseguir nadar en billetes a cualquier edad. Pero lo más frecuente es que cuando esto ocurra le pille a uno un poco madurito/a, aunque sea por una mera razón de probabilidad: la juventud incluye como mucho una veintena de años, mientras que la adultez va desde, pongamos, los 40 a la tumba.
En el artículo más comentado del blog, sobre emprendedores, me mostraba escéptico respecto al hecho de que personas adultas que nunca hubieran mostrado suficiente afán emprendedor o iniciativa para asumir riesgos (entre otras habilidades) pudieran llegar a convertirse en mínimamente solventes empresarios o inversores por medio de cursos de formación, ponencias animadoras, influencias familiares de última hora, o sesiones de orientación o tutorización profesional. La edad no es importante en sí misma, lo son las experiencias motivadoras y capacitadoras hacia el emprendimiento que uno haya tenido. En Iniciador tampoco parecen considerar la edad como el factor a tener en cuenta:
“En USA hay pequeños líderes de tan sólo 20 años. Creo que lo que deberíamos pensar es que la experiencia no depende de la edad, sino de los años que se haya estado ejerciendo en cierto sector. Además de esto, es importante mirar cómo es el equipo que rodea a cada persona y ver hasta que punto la carencia de experiencia o de cualquier otra habilidad, puede ser complementada con la de otro miembro del equipo.”
Y aunque es cierto que la vivencia de determinadas experiencias suele estar relacionada o producirse a determinadas edades o momentos vitales, el mero hecho de alcanzar esas edades no garantiza acreditar esas experiencias. Vamos, que uno con 50 años puede no haber aprendido mucho de sus errores, mientras que un chaval de 19 puede estar más avezado sobre la vida práctica que el Lazarillo de Tormes. Julen decía en su artículo emprendedores de laboratorio:
“Esto de emprender es muy jodido cuando tienes 25 años. Ahí no te han dado suficientes palos ni tu networking -más comúnmente entre jóvenes denominado “enchufes”- es tan poderoso. Así que quizá sea más fácil emprender cuando has llegado a los 40. Quizá entonces no tienes tantas presiones económicas y puedes permitirte el lujo de cambiar el rumbo sin tantas apreturas.”
En otro recomendable artículo, Varsavsky comentaba:
“En un mundo que parece obsesionado con la juventud, me sorprendió descubrir que los famosos más exitosos del mundo son bastante más viejos de lo que yo pensaba. Dicen que cuando se ha cumplido cuarenta años uno ya ha cometido los errores más grandes que vaya a cometer en su vida (y que es poco probable que vuelva a equivocarse en las mismas cosas), que ha trabajado lo suficiente en su profesión como para decir que sabe lo que está haciendo, y que aprendió a distinguir a las personas y reconocer a los amigos verdaderos. En resumen, que uno ya aprendió qué es lo que no le gusta de la vida y logró apartarlo de su camino- creo que fue García Márquez quien dijo “lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir que no“.
Para dar algo de réplica, aquellos que sugieren que los mayorcitos lo tienen más fácil para arriesgarse y que están en mejores condiciones de ponerse a sacarle brillo a la vida “por su cuenta”, pueden echar un vistazo a algunos artículos con “marca propia” como éste que explica de forma gráfica que, salvo jugando a la primitiva, eso de intentar hacerse rico o tomar la iniciativa más allá del curro por cuenta ajena, no está muy bien visto:
“Cualquiera que pretenda hacer algo más que ser un “empleado” durante cuarenta años va a tener que enfrentarse con el dedo acusador de quienes le sugieren que se deje de tonterías porque tiene unas “obligaciones”. Que ya es mayorcito (tenga la edad que tenga) para “aventuras”.
EL EPÍLOGO Y LA TÉCNICA “INFALIBLE”
En resumen, no pesan los años sino las experiencias y su capacidad para generar motivación y habilidades. La edad seguirá siendo un tema de conversación incomparable; nos hará sentirnos de una u otra generación al escuchar música, como le pasa a Ícaro con RadioHead; y estará relacionada con la memoria, en un sentido histórico, y con la falta de memoria en un sentido práctico, como le pasa a Amparo Baró en esos anuncios de Brain Training, y a algunos que escribimos blogs que ya estamos un poco mayores. Y si es verdad eso que dice Ángela Molina de que “la edad no protege el amor pero el amor protege la edad”, los cariñitos nos pueden prolongar la existencia y/o hacerla más agradable. Y el que tenga, siempre podrá recurrir a la pasta, porque “se tiene la edad que se quiere tener y también la edad del dinero que se tiene”.
Lo sabemos. La gente seguirá atribuyendo un nefasto protagonismo a los años que tiene y eso generará ansiedad, y le restará iniciativa y ánimo para afrontar sus problemas y para plantearse nuevos retos y objetivos. Para intentar contrarrestar estos efectos perversos del calendario, hace tiempo descubrí que esta sencilla historia, adaptable a cada caso, ayuda a hacer percibir que lo importante nunca es el cuándo, que la edad no es una variable que debamos tener en cuenta. Lo único valioso es saber qué quieres de verdad y ponerte a perseguirlo. Pensar en el tiempo que tienes sólo te hace perder tiempo. Os dejo con la INDISPENSABLE TÉCNICA.
Piensa en aquella mujer de mediana edad que quería estudiar derecho, pero temía ser demasiado vieja: “tardaré tres años en acabar, y entonces tendré 57”, le dijo a su amiga. Ésta le preguntó: ¿qué edad tendrás dentro de tres años si no estudias derecho?
Fuente: La lámpara mágica (reseña en orientacionprofesional.org)
Foto: Gran Angular







Ya echaba de menos este articulito! Pero tan acostumbrados a la queja de la edad la usamos y la oimos una vez tras otra. Quizá se trate de compararnos menos con los retos y los logros de los demás y centrarnos en los nuestros teniendo presente aquello de “Hacer más y pensar menos”…
Esto me recuerda: “Pareces una Barbie” ella toda sonreída dijo “¿en serio?” “Si, no por lo bonita sino por la edad” Creo que para todo, la edad cuenta en la sociedad en que nos movemos. Cuando escucho a alguien decir estoy viejo, siempre le digo, no estás viejo, sólo tienes juventud acumulada amigo… Como dices fluir con la corriente… Saludos
Muy buen artículo, te felicito. Cuando alguien se queje de cumplir años y de envejecer, acordémonos de esos/as amigas/os y conocidos/as que todos tenemos, y que un fatal día dejaron de cumplirlos y de envejecer. Sé que es una negra reflexión, pero contundente.
Blanca, compararse con otros, sea utilizando la edad o cualquier otra característica, forma parte de esos pensamientos negativos que llevamos siempre en nuestro “autobus”. La solución, la que tu dices: seguir haciendo lo previsto, lo que se debe hacer, aunque se siga pensando tonterias¡ ;-)
Raizen, ese dicho de la Barbie viene que ni pintado¡ La edad cuenta, pero no debemos contar con ella ;-) Fluir con la corriente es una de mis expresiones favoritas…
Emil, las negras reflexiones suelen ser más interesantes…
Yo tengo 52 años soy mujer y no trabajo. Lo que yo descubrí a los 40 es que hay una nueva vida y que realmente puedes hacer lo que te propongas, si es que te lo propones, ese es tal vez el mayor reto hoy en día.
Hola ANONIMA,
nos tenemos siempre muy autoetiquetados, un tanto enconsertados pensando siempre lo que PODEMOS hacer, por ejemplo a una determinada edad, en lugar de lo que nos gustaría hacer independientemente del “sentido común” que no es otra cosa que el pensamiento de la mayoría, no crees?
Gracias por opinar :-)
[...] esta reflexión recordé una carta que tenía pendiente publicar y que vuelve a mostrar la variable edad como arma arrojadiza y como [...]
Nosotros mayores? Pues no, yo me niego a sentirme mayor y paso los 45.
Efectivamente con la que está cayendo muchos empresarios están aprovechando para deshacerse de empleados que llevan mucho tiempo en la compañía (esto suele coincidir con personas que pasan de los 40 y tienen un alto nivel salarial), pero ello no debe suponer además la carga de pensar que se es mayor para seguir adelante y encotrar de nuevo el camino para continuar.
Lo importante es confiar en uno mismo y valorándose, se llega a cualquier parte.
Gracias Alfonso por tus enseñanzas
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Hola, Alfonso. Excelente sacudida mientras te leo en el sofá…
Hay otro punto de vista, que es el que se te plantea cuando tienes un anhelo incumplido, pero no necesidad. En ese caso, el problema a los 50 es que, si has llegado a disfrutar y a conseguir en tu vida mucho de lo que te gusta, cuesta más arriesgar. Aunque sea el momento en que te pille con mayor seguridad económica, profesional y personal, aunque sea tu envidiable momento más maduro y seguro, el problema es precisamente ese.
Casi nadie es consciente de que incluso a más edad, cuando nos jubilamos a los 62, por poner un ejemplo frecuente, nos puede quedar si lo deseamos una segunda y completa vida profesional: podemos estudiar una nueva carrera y ejercer una nueva profesión liberal o como freelance por otros quince años, por ejemplo ;-)
Creo que un día escribiré sobre ello, porque conozco un par de personas que lo están haciendo… felices.
Enhorabuena por el post.
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