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Prejuicios y hedor. Yorientados: Episodio 10 (124)

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Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad, y Prejuicios y hedor, podría haber sido una trilogía literaria con claros paralelismos en la realidad de las oficinas de empleo y del asesoramiento profesional y de emprendedores.

La chica tiene 19 años. De ojos azules, menuda y relativamente atractiva, viste chándal de mercadillo y sus maneras son educadas. Nadie podría esperar ese olor. Cuando los clientes no huelen muy bien es más que probable que se deba a que sus hábitos diarios no siempre incluyen un “momento ducha”, a veces por no disponer de agua corriente, aunque en casi todos los casos se trata simplemente de “estilo de vida”. Aunque el tufo no necesariamente predice un problema de profesionalidad seguramente si lo habrá de estabilidad laboral.

Quiero decir que una persona a la que le cantan los alerones y ambienta inconfundiblemente los espacios, objetivamente no tendría por qué no poder ser un buen reponedor/a, un administrativo/a decente, o una pulcra camarera de pisos. Pero la complicación no viene tanto por una cualificación insuficiente, como por una deficiente empleabilidad, es decir, por la falta de actitud y habilidades básicas para desenvolverse adecuadamente en contextos laborales. Y es que si alguien no percibe la necesidad de lavarse con frecuencia, aunque sólo sea para aparentar higiene, posiblemente tampoco sea consciente de las mínimas normas sociales que le permitirían desempeñarse con normalidad en el entorno de la empresa.

¿Es políticamente incorrecto afirmar que una persona que no cuida mínimamente la imagen que ofrece a los demás tiene más difícil su desarrollo personal y profesional? ¿No contratar a una persona que huele mal implica un prejuicio? En un episodio de Boston Legal, un policia reconoce en un juicio que pidió la documentación al acusado porque le pareció sospechoso que un negro como él estuviera observando detenidamente las casas en un barrio de gente blanca como aquél. ¿Se trató de un prejuicio racista, o de un análisis “objetivo” de las probabilidades de que una persona con ese perfil y en ese contexto pudiera cometer un delito?

Los pre-juicios son creencias o heurísticos muy criticados, pero en esencia su objetivo es ayudarnos a valorar lo antes posible a las personas que conocemos para intentar predecir cómo se comportarán. Es una forma de sentirnos más seguros con la gente que nos rodea. Los prejuicios, en el sentido de “juicios hechos con información insuficiente”, no necesariamente son negativos para las personas que los reciben. Por ejemplo, tendemos a considerar “buena gente” de forma inmediata a alguien que se muestra inicialmente simpático, y a valorar peor a las personas que no sonríen, independientemente de sus otras cualidades.

El caso es que nuestra amiga de ojos azules no ha superado sendos periodos de prueba en sus dos últimos empleos, y se queja amargamente de su mala racha y de lo injusta que es la puta vida, en palabras textuales. Nunca sabremos si la chica del chándal ha sido víctima de prejuicios irracionales que le han impedido demostrar su valía. Nadie puede impedir ser discriminado o ser objeto de generalizaciones negativas, pero siempre está en nuestra mano hacerlas menos probables, unas veces con jabón, otras con habilidades sociales.

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Categorías: Buscar trabajo, Buscar trabajo-Casos, Historias, Metaforas, Networking, Orientacion Profesional, trabajo-empleo

3 comentarios

  1. La Schmidt ha susurrado dice:

    DENNY CRANE
    Menudo alegato final

  2. ANGEL dice:

    A los/las orientadores…. ¿cómo le dices a la chica que pase por la ducha? sin que se corte el royo del “feeling” o eso que decís de crear “rapport”

  3. Yoriento dice:

    Hola Angel, interesante pregunta. Y difícil. Yo diferenciaria dos aspectos.

    1) Motivacional.
    Si algunas personas huelen mal, no se preocupan por su apariencia o por su forma de relacionarse, básicamente, es porque…no les importa. Su vida marcha más o menos razonablemente, sobreviven.

    Si te das cuenta, a todos nos pasa lo mismo: el que se conforma con un empleo precario porque para cualificarse más o para conseguir otro hace falta esfuerzo o movilidad (que no está dispuesto a hacer); con una relación con la que no se está satisfecho para no tener que buscar otra…

    Aunque a nosotros nos parezca que una persona “tiene un problema”, es esa persona la que tiene que sentirlo. La motivación, siempre la motivación…

    2) De intervención directa. Una buena forma de empezar a trabajar estos temas tan “personales” es incluirlos en un inventario de, por ejemplo, “20 posibles actividades a realizar” (entre otros muchos): 1-aplicar técnicas de búsqueda, 2-”mejorar la apariencia profesional”…

    Así no se lo tomará como algo personal…Aunque la peña suele ser consciente, no creas. El problema no es decirselo, sino que estén motivados a cambiar. Insisto.

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aag-ebe08-personal-recortadaAlfonso Alcántara es coach y consultor en empleo 2.0, desarrollo profesional, redes sociales y productividad

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