jul 1, 2007
La metáfora de la tienda de campaña (65)
Tras una semana de vacaciones en Cádiz (playas, hamman y gastronomías varias) uno se pone delante del portátil con cierto escepticismo. No es que no tenga ganas de escribir, que sí las tengo, pero después de estos días de “abandono” uno llega con la sensación de que casi todo es prescindible, incluidas mis opiniones. También la cierta arbitrariedad y capricho que tiene lo que hacemos, aunque hayamos elegido hacerlo, me parece mucho más evidente cuando nos quedamos sin tienda de campaña y las cosas nos aparecen simples y las prioridades más claras.
Por supuesto, estas sensaciones pasajeras son rápidamente sustituidas por las obligaciones y las inercias cotidianas, tan buenas o malas como cualesquiera otras. Pero las vacaciones muchas veces tienen ese efecto relativizador que quita hierro a los asuntos y aligera la carga no importa cuál sea el viaje. Mañana podríamos cambiar de ciudad, de estilo de vida y hasta de amigos, vivir junto a la playa, o en la montaña, en una ciudad más pequeña, o más grande, y trabajar en cualquier otra cosa que nos parezca razonable… Tal vez nos sintamos encadenados, pero debemos saber que siempre hay alternativa. Y cómo estaba el atún a la plancha.








…pero cada vez menos, porque después dar un paseíto virtual por el hamman, no sé me ocurre mejor placer que una copita de algo rico para evitar salir pitando para el sur. Quería decir otras cosas cuando he empezado a leer el post, pero desde que pulse los benditos enlaces, una que es muy débil, pues se ha quedado atrapada en las 1000 y una noches con un buen té con masaje. Igual otro día que estaré más serena pues voy a lo que iba y escribo algo sobre que hacer cuando te roban, cambias o dejas que te quiten la tienda de campaña. Y es que supongo que como a todos, me ha tocado estar más de una vez sin ella y aguantar el chaparrón.
El hamman estuvo más que bien…Merece la pena, y en un entorno como Cádiz… Para que luego me digan que me dedico sólo al trabajo…