Abr 28, 2007
Coaching para el empleo: He terminado el curso, ¿dónde está el trabajo? (I): la formación como clavo ardiendo
¿Por qué la gente hace tantos cursos? Ya he hablado de formación en otras ocasiones, pero está claro que es un tema que siempre me acompaña, como el llavero. El otro día tuve un día duro, con personas a las que no les va bien la vida, uno de esos días en que percibes con mayor claridad que el dique hace tiempo que reventó y te sientes ridículo, ahí plantado con tus saquitos de arena intentando taponar vías de agua.
La falacia de que una vida laboral desestructurada durante años puede mejorarse de la noche a la mañana, es una milonga que se tragan con alivio aquellos que creen poder cambiar su destino sin tener que ponerse a invertir el mismo tiempo que dedicaron a empeorarlo. No hay pasaportes directos para una vida mejor, ni tampoco para la inserción laboral, y si alguien pasa la frontera de la exclusión ligero de equipaje seguro que tenía más recursos y habilidades que las inicialmente evaluadas.
“Tardarás en mejorar tu vida profesional un tiempo proporcional al que usaste para estropearla.”
La formación, especialmente la ocupacional, es uno de esos supuestos salvoconductos que el sistema vende como churros pero sin chocolate calentito, a palo seco, con la complicidad de los profesionales del empleo y del resto del “establishment laboral”. Luego, tras los cursos realizados, de operario/a de reciclaje de residuos, de ayuda a domicilio, de dependiente/a, de jardinero/a, de administrativo/a, de ofimática, de inglés para el comercio, de pavimentador o de mozo de cuadra, los ves llegar a las oficinas de empleo a inscribirse con la ilusión ingenua del que cree que va a trabajar mañana mismo, o con la resignación resabiada que produce el fracaso repetido tras el enésimo y último curso realizado porque “algo había que hacer”.
Si la panacea estuviera en estas soluciones directas y rápidas, meramente informativas, ¿para qué se requeriría el trabajo de orientadores/as, coachs y demás farándula del asesoramiento personal y profesional? Si uno quiere cursos sólo tiene que tirar de la manta pública de la formación profesional ocupacional autonómica, o de la estatal (aún queda alguna), utilizar herramientas de aprendizaje más innovadoras y flexibles proporcionadas por la Web 2.0, o preguntar a los expertos del e-learning.
Como profesionales, ¿qué motivos nos llevan a animar a nuestros clientes a participar en acciones formativas con tanta diligencia y sin aviso previo sobre su baja utilidad en determinados casos? La respuesta, posiblemente, sea más de carácter humano que técnico, y es que se supone que los/as orientadores/as también hacemos lo que podemos, algo habrá que recomendar para justificar nuestra presencia, y, total, nuestros/as clientes al menos “estarán ocupados y aprendiendo”. Siempre nos quedará la formación. Eso sí, en este camino de recursos más que de resultados, de intervención sin objetivos, se va poniendo en entredicho el valor y utilidad de la orientación profesional.
Ángel tiene 44 años. Hace tiempo que valoraron su discapacidad física por problemas respiratorios. Ha trabajado como peluquero y como limpiador algún tiempo. En los últimos 7 años ha realizado 4 cursos de FPO (formación ocupacional no reglada dirigida a desempleados): un curso de cocinero, con una duración de ¡920 horas!, otro de cajero de ¡850 horas!, uno más de Panadero con ¡600 horas!, y el último como administrativo de ¡870 horas!. Ninguna de estas actividades ha facilitado a Ángel el acceso a un empleo relacionado ni una mejora clara en su errante trayectoria profesional.
En las más de 3000 horas invertidas Ángel podría haber hecho otras cosas: especializarse profesionalmente haciendo un ciclo completo de formación profesional reglada; aprendido un idioma, tal vez fuera de España; quizás crear y afianzar su propia empresa; encontrado uno o varios empleos aplicando técnicas de búsqueda adecuadas… O sencillamente podría haberse dedicado a “vivir mejor” y a disfrutar de su tiempo libre si esa hubiera sido su elección.
Debemos hacer a Ángel responsable de las decisiones que toma, pero también a aquellos que le han asesorado, permitido e incluso facilitado cometer estos desmanes curriculares. Ningún curso nos sale gratis, todos tienen un coste de oportunidad. Sin hablar del estropicio que causa sobre la propia cualificación profesional un currículum formativo errante, que no polivalente.
Como cualquier recurso, la formación adecuada y ajustada a cada perfil, puede habilitar, cualificar y motivar profesionalmente. Pero la mera asistencia a cursos administrada como un fármaco genérico de amplio espectro no conlleva más ventajas que las que proporciona el azar. Eso sí, las estadísticas que contabilizan a cientos de miles de alumnos ayuda a generar el espejismo de que se prestan servicios tangibles y se cubren necesidades.
¿Por qué se sigue recomendando con esa ligereza la realización de acciones formativas? El axioma está claro: “en caso de duda, haz un curso”, con el corolario “que todo lo demás cuesta más trabajo y hay que planificarlo bien”. Generalmente el camino supuestamente más largo (FP reglada) no lo es tanto como los supuestos atajos (FP ocupacional) que acaban yendo a ningún sitio, sobre todo con mal asesoramiento. La formación es un medio para un fin, así que tal vez antes de ponerse a hacer cursos venga bien un poco de coaching para el empleo QDQC .
Si queréis hacer comentarios sobre vuestras experiencias con la formación (como orientadores, alumnos, formadores o paseantes) los incluiré en el próximo capitulo (II): La orientación como antídoto de la cursitis.
Gracias MKL, Terol y Blanca por vuestras sugerencias.







[...] el Capítulo I, La formación como clavo ardiendo, afirmando que, en caso de duda o por inercia, la gente prefiere hacer cursos, y los orientadores [...]
[...] 8. La formación por sí sola no es la solución. [...]
Creo que has dado en el clavo. Y la frase remarcada es muy buena. La formación lleva muchos años sobrevalorada en España (llegaremos a tener una burbuja ahora? ;). Creo que es una herencia de tiempos en los que tener un título era igual a ganar más dinero. Luego con la burbuja inmobiliaria la cosa cambió un poco, pero con la crisis todo está volviendo a su cauce de nuevo. Ahora, el que se ha ido vendiendo al mejor postor por dinero sin intentar forjarse una carrera laboral, está pagando el precio de ello (Pan para hoy y hambre para mañana, como dice el refrán).
Pero el problema de esta corriente actual es el interés del gobierno de sacar a la gente fuera de las listas del paro con formación y los intereses económicos de las empresas de formación para poder sacar tajada del asunto. Política y dinero. El problema de siempre…
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