Feb 12, 2007
Priorizar en orientación: la barba de Beckham y la ley de Pareto
Hace algunos años una joven auxiliar de enfermería sin experiencia envió 2000 currículos en un mes a clínicas privadas. Tras muchos meses de “espera” sólo recibió una respuesta: “su curriculum queda en archivo”. Cuando le pedí que extrajera alguna conclusión me dijo: “Habrá que volver a enviarlos”.
Esta incapacidad para evaluar aquello que no funciona y dejar de dedicarle tiempo, me recuerda una anérdota sobre Oscar Wilde.
Tras una penosa representación de una de sus obras, un amigo le preguntó: “¿qué tal fue anoche tu obra?” Wilde le dijo: “bueno, la obra fue un gran éxito pero el público fue un gran fracaso”.
Ay, la evaluación. Si no somos capaces de analizar qué hacemos bien, o qué tiene efecto, para diferenciarlo de aquello menos relevante, nunca podremos priorizar y centrarnos en lo que nos acerca con más probabilidad a nuestros objetivos. ¿Y qué suele ser lo importante? No ha mucho tiempo que escribí que a la mayoría de las personas humanas (y a las otras) nos interesan los mismos temas y sufrimos de los mismos pesares, como el desempleo y/o la desmotivación profesional, los problemas de dinero o recursos, o el desamor de las coplas: “ná te debo/ ná te pio / me voy de tu vera, orvíame ya/ que he pagao con oro/ tus carnes morenas”. Es lo que suele llamarse la condición humana.
Lo curioso es que, además de que todos tenemos similares cuitas y desazones, las raíces de esos problemas no son muy numerosas, se pueden contar con los dedos de las manos. Y eso tiene sus ventajas. Cuando un profesional comprueba que no estamos a gustito con nuestro devenir no tiene que revisar demasiados engranajes vitales para dar con la tecla. Y eso es bueno porque los profesionales trabajan por horas. Además, así podemos rasurar los problemas con la Navaja de Ockham, sin dolor y con facilidad, como Beckham en los anuncios de Gillette en los que se afeita de mentirijillas, porque si “en igualdad de condiciones la explicación más simple suele ser la verdadera”, cuantas menos explicaciones posibles existan mejor nos lo ponen. Eso creo que se llama simplicidad.
En total, que hay muchos tipos de malos rollos y de poblemas, pero las causas son pocas y cobardes. Si damos con ellas y nos centramos en atacarlas, la vida tal vez sea más fácil y se parezca menos al hotel de los líos de los Marx, esos grandes orientadores.
Ya hemos hablado en otras ocasiones (y lo que te rondaré morena) sobre las quejas, los pensamientos negativos y lamentos varios. No son un problema en sí mismos, aunque te dejen un tanto baldao anímicamente, pero sí lo son sus efectos ya que suponen tiempo y nos mantienen ocupados haciendo cosas inútiles, rumiando ideas y debatiendo con nuestros fantasmas, y encima nos impiden hacer algo de provecho, como buscar alternativas, definir objetivos y perseguirlos. Lo que aquí nos interesa es resaltar que los malos rollos anímico-verbales suponen o se relacionan con una gran parte de los problemas. Cuando los orientadores/as se centren y dediquen más tiempo a lo importante, en este caso, a aprender cómo gestionar- reducir las quejas de sus clientes, en un plis-plas pueden matar muchos pájaros de un tiro en esta avifauna del desarrollo profesional.
¿Realmente nos dedicamos a lo que importa, o simplemente nos dedicamos a lo que nos solemos dedicar? El economista italiano, Wilfredo Pareto (1848-1923) realizó un estudio sobre la distribución de la riqueza que le permitió afirmar que la minoría de la población poseía la mayor parte de la riqueza y la mayoría de la población poseía la menor parte de la riqueza. Con esto estableció la llamada “Ley de Pareto” según la cual la desigualdad económica es inevitable en cualquier sociedad. Este descubrimiento de la pólvora facilitó al Dr. Joseph Juran aplicar este concepto a la calidad obteniendo la regla 80/20. Según este concepto, si se tiene un problema con muchas causas, podemos decir que el 20% de las causas resuelven el 80% del problema y el 80% de las causas solo resuelven el 20% del problema. Por lo tanto, el Análisis de Pareto es una técnica que separa los “pocos vitales” de los “muchos triviales”, lo que permite centrarse en los problemas más grandes para ser más eficientes.
Si utilizáramos Pareto en el análisis de la búsqueda de empleo, seguramente descubriríamos que la gestión de contactos y redes profesionales suponen unas pocas causas que solucionan gran parte del problema y que, en el otro lado, la aplicación de técnicas de candidatura clásica no aportan muchas soluciones. Sin embargo los buscadores (y sus orientadores/as) suelen dedicar la mayor parte de su tiempo a marear la perdiz perfeccionando la redacción de cartas de presentación, re-gestionando bases de datos de empresas y haciendo mailings. La identificación de esta forma de asesoramiento con estas técnicas clásicas es tal, que si preguntas a un potencial cliente si quiere recibir orientación profesional es muy probable que responda: “no, gracias, ya me han hecho el currículum”. Por otro lado, a las técnicas de networking o de gestión de contactos, que son eficaces en el 80% de los casos sólo les dedicamos el 20% de nuestro tiempo (en el mejor de los casos).
La incoherencia que supone dedicar demasiados esfuerzos a lo que no es importante o sencillamente no funciona, y dejar a dos velas las acciones que realmente nos acercarían más a nuestros objetivos, tiene tantos ejemplos cotidianos y profesionales que no caben en este artículo. Y para más INRI, cuando dedicamos mucho tiempo a lo que NO importa, por error, inercia o desconocimiento, acabamos atribuyendo mucho valor a esos aspectos triviales y es cuando la cosa se vuelve definitivamente absurda. En fin, Pilarín. No lo toméis como un consejo, pero tal vez ayude hacerse esta pregunta de vez en cuando:
¿Es esto lo más importante que debería estar haciendo ahora?
Y que conste que no me refiero a leer este blog, que eso es una excelente decisión. O no.







¿ y si vamos un poquito más atrás y empezamos por el principio? …quizá podríamos llegar más lejos, no sé. Creo que una buena forma de empezar a dedicar más tiempo a lo importante es tomar conciencia de lo que uno hace en cada preciso instante, centrarse en el aquí y ahora y ver que ocurre. poco a poco el resto va cogiendo forma.
Me parece que es mucho más fácil de explicar que de realizar. Y con qué criterio valoramos lo que realmente es importante; es un concepto bastante relativo. Y en algunos casos dificil de cuantificar para poder medirlo y hablar con algún tipo de datos.
Un ejemplo: para mí es importante leer tu blog porque me aporta, pero para mi pareja prefiere que tienda la lavadora y deje de perder el tiempo con internet.
Todo es relativo.
Saludos
Estupendo post. El hombre es un animal de repetición y tendemos a repetir lo que CREEMOS que nos ha ido bien, una y otra vez.
Juran, cobraba por sus cursos un pastón y repetía una y otra vez el curso y la facturación. Un éxito.
Gore, se preparó y consiguió el Nobel de la paz, ya que no consiguió la presidencia USA. Pura estrategia supongo.
¡Salud!
Excelente, he hecho una mencion es mi blog al respecto de tu articulo.
Sin dudas palabras que encierran el secreto del 20% de las causas que resuelven el 80% de cualquier problema.
Saludos
Emiliano
Weblog-Lab.com
@EKAIZEN,
tienes razón, la cosa no suele ser tan sencilla pero en el caso que comentas yo no tendría duda: la lavadora antes que Yoriento, dónde va a parar. ;-)
Creo que priorizar es más fácil cuando uno tiene claras sus prioridades. Impresionante perogrullada que se basa en esta pregunta: ¿como vamos a decidir a qué dedicar el tiempo si no conocemos qué nos gustaría conseguir o mantener?
Rizando el rizo también podríamos elegir como prioritario hacer que nos gusten aquellas cosas que DEBERÍAN gustarnos y no las que nos gustan ahora. ;-)
@MPIRYKO,
supongo que los grandes personajes son grandes y/o son personajes porque se dedicaron a convertirse en expertos de su 20% preferido.
@EMILIANO,
bienvenido al blog, espero que pronto formes parte de ese pequeño grupo que publica el 80% de los comentarios de por aquí ;-)
[...] 6. La barba de Beckham. ¿Nos centramos en lo importante o actuamos como siempre? [...]